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Aquella madrugada fría y
lluviosa, alrededor de la una de la mañana, con una neblina
al ras del suelo, Pedro se levantó, tenía un compromiso
contraído con los padres de Roberto. Ser el
"Embajador" y acudir a la casa de Juana para
solicitar su "mano". Llevaba consigo un cuarto de
aguardiente, cigarros alas. Roberto se sentía orgulloso, no
cualquier mazateco puede serlo, eso significaba que sus
paisanos tenían la imagen de que él era una persona con una
calidad intachable, requisito indispensable para ser
"Embajador", además ya había sido Agente de
Policía en su comunidad.
Para dar este
paso, Roberto tuvo que avisar días antes de esta visita a los
padres de Juana, había que hacerlo para evitar ser recibido a
tiros. El compromiso fue a las 2 de la mañana con el fin de
que nadie notara la presencia de extraños en la casa de la
futura novia; pero también había que regresar antes de las
cinco para evitar preguntas absurdas de vecinos y a la vez
cuidar la imagen de Juana y sus padres.
Vengo de
Cerro Central, dijo Roberto a unos padres preocupados por la
visita. Traigo como obsequio este aguardiente y cigarros para
convivir un rato, prosiguió.
Ya sentados
en torno a una mesa algo deteriorada por el tiempo y con
puntos llenos de polilla. Me manda Teodomiro el de rancho
Pineda, su hijo Cirilo quiere casarse con la hija de ustedes,
les dijo.
Habrá que
platicar con ella… venga dentro de 8 días, fue la respuesta
tajante.
A los ocho
días se insiste; ahora se lleva aparte de aguardiente y
cigarros, pan y tal vez leña. Los padres de la futura esposa
empiezan a ceder y por fin aceptan.
Por primera
vez los jóvenes mazatecos se conocen de cerca, ya no es esa
mirada que Pedro desde los terrenos de cultivo echaba a Juana
cada vez que ella pasaba con rumbo al pozo por agua.
Ahora se
conocen y por primera vez platican, solo pocos minutos, los
padres de ella no permiten más tiempo… habrá que evitar el
que dirán los vecinos si los ven juntos, pero también hay
que planear la boda, los invitados, los padrinos, en fin.
Un día
previo al casorio, a ambos novios se le impone a un niño que
los vigile, no deben rebasar la edad de 10 años, una niña
cuida a la novia y un niño hace lo mismo con el novio. Si la
novia va a comer ahí está la niña, si va a descansar,
siempre a su lado su vigilante.
Horas antes
de la boda por la iglesia, los padrinos de velación (en este
caso la madrina) en el patio y ante los invitados tiene la
obligación de lavarle el cabello, los brazos a la futura
esposa "debe llegar pura a la iglesia", dicen las
ancianas y solo el agua es capaz de limpiar todo.
Posteriormente ella sola se baña completamente. De igual
forma sucede con el novio a este acto importante los mazatecos
lo conocemos como "el lavado de cabeza".
Las bodas en
San José Tenango son por lo regular al medio día. Ella luce
un cabello negro, largo con trenzas rodeando su espalda y
luciendo un vestido blanco, adquirido tal vez en Huautla de
Jiménez o si se tiene más posibilidades en Tehuacan, él a
su vez lo común: pantalón negro y camisa blanca.
Posteriormente llegan a la casa del novio y son recibidos con
bailarines vestidos con ropa de manta y hermosos huipiles y
que al compás de la tradicional Naxu Luxa (Flor de Naranjo)
se hacen cargar de de cántaros que mueven al ritmo de ellos y
que al término del Jarabe rompen.
Los primeros
que pasan a comer son los invitados de la novia, después los
padrinos y por último los invitados del novio. El padino de
velación es el encargado de ir de mesa en mesa brindando con
una botella de aguardiente por el bienestar y felicidad de
Cirilo y Juana… difícilmente éste verá concluir la boda.
El baile
indudablemente lo "abren" los padrinos con los
ahijados, se baila de todo, pero nunca puede faltar la
melodía que nos identifica a los oaxaqueños en cualquier
parte del mundo: Naxu Luxa (la letra de este jarabe es
orgullosamente inspiración de un tenangueño).
Así son las
bodas entre los mazatecos. A diferencia de otras regiones,
acá las bodas duran solo dos días. |