Ejemplar Número: 23

Oaxaca de Juárez, Oax.

Julio 2005

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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               Imploración de una madre afligida

 La nobleza del hombre procede de la virtud, no del nacimiento. 

        El tiempo inexorable sigue su marcha, hace apenas unos días, al despertar de mi letargo, me di cuenta que han pasado más de seis años de aquel siete de enero de mil novecientos noventa y nueve, día fatídico en el que le quitaron la vida a un ser que latió en mis entrañas: mi hijo Miguel Angel Victoriano García Gómez (1O-VII-55—7-I-99), quien por su condición de discapacitado mental, siempre actuó como un niño y consecuentemente no era capaz de causarle mal a nadie.

        Desde entonces empezó mi suplicio y en mi atormentada mente fluyen a diario una y mil interrogantes, entre otras: ¿Por qué si mi hijo era un ser inofensivo, sin piedad le cortaron su existencia? ¿Fue uno o fueron varios los que participaron en ese horrendo crimen? ¿Qué mente perversa fraguó tan deleznable acción? ¿Dónde quedó el precepto moral del catolicismo: No matarás", que nos invita a respetar la vida de los demás? ¿Podemos llamar seres humanos a quienes movidos por una mente enfermiza son capaces de cometer las peores atrocidades? Si actualmente las autoridades y las corporaciones policíacas disponen de instrumentos muy sofisticados, ¿Por qué no han aclarado el asesinato de mi hijo?

        En mis horas de desvelos, en las que me pongo a meditar profundamente, he llegado a la conclusión de que por muy grande que sea mi dolor debo perdonar a quienes me quitaron uno de los regalos más hermosos que la vida me dio. ¿Perdonar? Sí, como en su tiempo lo hiciera el Divino Maestro que perdonó a quienes lo crucificaron, o como lo hiciera más recientemente el Papa Peregrino, Juan Pablo II, quien no sólo perdonó, sino que devotamente oró por quien estuvo a punto de quitarle la vida. Con base en esas sabias enseñanzas, considero que no procederé en contra de nadie; que no es mi intención castigar a nadie.

        Lo hecho, hecho está, y será el Todopoderoso quien se encargue de juzgar nuestras acciones. Sin embargo, también debo decirlo, abrigo la esperanza de que algún día pueda descifrar la incógnita que hoy lacera todo mi ser y que me hace sufrir lo indecible. Por lo antes dicho, imploro, ruego y suplico a quienes puedan hacerlo, que por piedad me ayuden a dar solución a esta pena que a diario consume mi existencia. Quiero tener la dicha de decir, lo que dijera Amado Nervo: "Vida nada me debes, vida estamos en paz".

MADRE AFLIGIDA

LYDIA GÓMEZ DE GARCÍA

       

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Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.