Ejemplar Número: 23

Oaxaca de Juárez, Oax.

  Junio 2005

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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               Había una vez en el barrio del Exmarquesado 
 

          El barrio del Exmarquesado se localiza al noroeste de la Ciudad de Oaxaca, México; en la época colonial y hasta la Reforma era conocido como el pueblo de Santa María del Marquesado; tenía parroquia, capilla, mercado, dos jardines públicos, panteón, estación de ferrocarril, palacio municipal, ayuntamiento, cabecera judicial con dos juzgados de lo criminal, cárcel, kiosco, cinco ahuehuetes, garita, calle central adoquinada, un camino real, terminal de carruajes tirados por mulas, centro de reuniones sociales conocido como El Ojito de Agua, lavaderos, gasolinera, alumbrado público, fábrica de cerveza, cuatro molinos de trigo, huertas, cuatro pasajuegos, la danza folklórica de Los Jardineros, la pilita y un arco triunfal de cantera ocre en la entrada. El arco, la Capillita de La Soledad y la garita que se encontraban situados a la misma altura (dónde esta hoy la Fuente a los Niños Héroes) eran la entrada y el paso hacía la ciudad de Oaxaca. En el lado opuesto se localiza La Rayita; "A la frontera –del pueblo de Santa María del Marquesado– con la ciudad le llamaban La Raya", esta es la razón por la cual al mercado que se encuentra en este lugar le llamaban de mercado de la rayita (Hoy IV Centenario).

          El 6 de julio de 1528 le fue concedido a Hernán Cortés el título de Marqués del Valle de Oaxaca "haciendo comprender dentro de las villas de su mayorazgo Cuilapan, Etla, Tehuantepec y Huaxyacac… con pequeñas limitaciones se puede decir que era dueño, por donación del rey de España, de todo lo que es hoy el estado de Oaxaca". Una de las casas del Marqués estuvo en el pueblo de Santa María (fue demolida para construir el acceso al periférico) y es la razón por la cual se llamó Santa María del Marquesado. El pueblo fue absorbido por la ciudad un poco después de 1845 convirtiéndose en el barrio del Exmarquesado.

          A la fiesta del barrio se le llama El Jueves de los Compadres, es una fiesta profano religiosa que se celebra el día jueves anterior al miércoles de ceniza o sea, el jueves antes del inicio de la cuaresma; por lo tanto la fecha de la fiesta varía. La razón central del jueves de los compadres es la veneración al Señor de Santa María, que es un cristo que según los estudiosos de los escritos de los santos cristos tiene alrededor de 400 años.

          Don Gonzalo Cervantes me contó que en el Jueves de los Compadres se hacía una mayordomía y salía una comparsa de la casa del mayordomo, recuerda especialmente una en que salieron vestidos de marineros y también que bailaban la jota que "era un baile de mucho movimiento".

          La Calzada Madero era la única calle pavimentada del barrio; entrada y salida principal a la ciudad por este rumbo. Originalmente cuentan que se llamó Avenida Morelos por que fue por donde hizo su entrada triunfal el Generalísimo Morelos; estaba empedrada en el centro, desde al arco de piedra a la altura de la garita del marquesado y de la capillita de La Soledad (Fuente a los Niños Héroes), hasta el centro de la ciudad.

          Además de nuestras casas había en el barrio lugares, cosas y personas que pensamos que nunca iban a desaparecer; el Río Atoyac, el ojito de agua, los cuatro pasajuegos, el ferrocarril, los terrenos con milpa o con alfalfa a dos o tres cuadras de la casa a donde iba toda la familia a coger chapulines; las faldas del cerro del Fortín, igual, a dos cuadras a donde iba a cortar azucenas; las carretas a las que te subías de "mosca"; los burros a los que, de pasadita, podías montar; el comal de la tortillera que sabías atizar con cañuela cuando ibas por las tortillas calientitas, bajaditas del comal; las vacas que veías ordeñar y dar leche sin bautizar; la misa de siete los domingos, lo más emocionante de ir a misa era subir al campanario a tocar la campana que era más grande que tú y que se toca dándole vueltas y en cada vuelta tenias que evitar que te golpeara o que te arrojara al vacío; la doctrina en las tardes; recuerdo el olor a incienso; en el templo de Santa María, el sol de la tarde pega en la puerta de entrada y se filtra en diagonal hacía el altar, mientras Sofía, la panadera, dicho con admiración y con mucho cariño, nos formaba en dos filas, niños y niñas; avanzábamos hacia el frente cantando: "vamos niños al Sagrario, que Jesús llorando esta, pero viendo tantos niños que contento se pondrá;" o ver a tus hermanas en el mes de mayo que iban a ofrecer flores durante el rosario; el herrero Don Ricardo Carmona que tenía su taller a la vuelta de la casa y que le ponía la punta de acero al trompo y mientras lo hacía te dejaba que lo ayudaras a avivar las brasas de carbón soplando con el fuelle de la fragua; los cuentos de los viernes por la noche que me contaba Papá Nufo, mi abuelo, o la cena especial que le preparaba Mamá Bricia, mi abuela, todos los sábados y que para disfrutarla me hacía el aparecido; El queso envuelto en papel de estraza y asado en las brasas; los hizaches de los que cortabas las horquetas, la amarrabas con alambre y la cosías en las brazas, ya seca tú mismo le ponías los hules y el cuerito. Con ella ibas a cazar mitreños cuando llegaba la primavera; el salta pared o las chuparrosas.

          El salta pared se durmió en el olvido hasta una ocasión en que fui a Juxtlahuaca; me asome por la ventana del hotelito y lo volví a ver; hasta ese momento reparé que hacía muchos años que lo había perdido. Las casas del barrio eran de adobe y el salta pared se paraba ¿se para? de manera vertical sacando arañas. El salta pared (pájaro carpintero), los mitreños y las chuparrosas (colibries) son pájaros que normalmente veían los habitantes del barrio.

          El río Atoyac está a cuatro cuadras de la casa, imagínense un río crecido a cuatro cuadras de tú casa; ir a nadar era verdaderamente un día de campo; en temporada de lluvias cuando venía crecido mi padre nos amarraba con una reata para que no nos llevara; llevaba agua todo el año y cuando estaba bajo, cuando menos, le llegaba a la cintura a un adulto.

EL RETABLO DEL SEÑOR DE SANTA MARÍA

          El retablo del Señor de Santa María lo hizo Don Gonzalo Cervantes Aquino; carpintero oriundo del barrio. Hijo de Miguel Cervantes y de Isaura Aquino, nieto de José Cervantes; Lo hizo, por encargo del Padre Montes, es de estilo gótico; estilo que trajo a Oaxaca el Arzobispo Eulogio Gillow. Es de madera de cedro y de pino que se fue consiguiendo por partes. El padre Montés costeo todo. Se trata de un retablo con varios arcos ojivales y una sucesión de dos nichos en donde resalta la imagen de cristo crucificado adornado con hojas de parra. A ambos lados aparecen la Virgen y el apóstol Juan; falta María Magdalena. La mesa del altar hace juego con todo el conjunto.

EL OJITO DE AGUA

          Don Carlos Martínez Vigíl me contó que: "El ojito de agua hasta el año de 1947 fue un jardín construido por el Lic. Guadalupe F. Martínez; se ubicaba en la zona poniente de la ciudad de Oaxaca de Juárez con una superficie total de 11 hectáreas de tepetate en la llamada zona del marquesado, actualmente colonia Santa María".

          "El portón de entrada estaba a la derecha del camino real, hoy calle de Niños Héroes, y a la derecha de la entrada había una casa en donde vivía el encargado de cuidar toda la propiedad. Junto a la casa había unos corrales con una cuantas gallinas, 2 ó 3 puercos de engorda y en algunas ocasiones caballos que mi padre el Lic. Guadalupe F. Martínez traía de Sola de Vega".

          Posteriormente se construyó un estanque en forma de ojo con una profundidad de 2.50 metros y que en su parte más honda media 5 metros; servía como depósito del agua que brotaba de un hermoso manantial; con el derrame del agua se llenaba otro estanque ubicado más abajo que tenía 20 metros de largo por 5 metros de ancho en el que nadaban los visitantes y que proveía a pequeños depósitos, a ras de tierra, que iban bajando paulatinamente y de los cuales se obtenía el agua para regar una pequeña huerta de hortalizas; había toronjiles, naranjales, nísperos, limoneros, mangales, 12 laureles de la India y una rosaleda formada por 5,000 rosales sembrados en macetas colocadas sobre dos pretiles de 40 centímetros de alto que recorrían cada lado de una calzada adoquinada que llevaba al manantial, al ojo de agua y a una plazoleta que se extendía bajo la sombra de los laureles.

          Los rosales eran modernos; sus rosas eran las mejores, es decir, las más sanas, las más hermosas, las más originales; femeninas y masculinas. Todas ellas de un hermosísimo diseño. Había rosales franceses, ingleses, sarmentosos, arbustivos, híbridos de te, trepadores, silvestres y miniatura.

          "Hasta los años de 1958, 1959 y 1960 el día del estudiante –23 de mayo– los alumnos del Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca concurríamos a disfrutar de una sabrosa barbacoa acompañada de las travesuras y dislates propios de la juventud de aquellos tiempos".

          El encargado de cuidar el Ojito de Agua era Don Camilo; lo vi rasurarse con el machete. De vez en cuando disparaba al aire su escopeta para ahuyentar a los depredadores; cobraba 20 centavos por dejarte entrar a nadar. Era otro mundo apasionante del que muchas oaxaqueños que conocieron el lugar pueden dar fe.

EL PASAJUEGO

          En Oaxaca, a la cancha en donde se juega la pelota mixteca –mano fría– la conocemos como pasajuego. El pasajuego de Baldo estaba atrás del panteón al lado derecho del camino real; salida por este lado según la circulación actual; el frontis y la pared lateral eran de adobe; no había casas; a los lados del camino había órganos, casahuates, zompantles, huamuches, huajales, huisaches, carrizales y chichicasle.

          Entre la barda del panteón y la parte de atrás del frontis había un huamuche al pié del cual se sentaba mi abuelo con sus amigos a jugar baraja española, conquian. El abuelo Arnulfo usaba sombrero, camisa de fuera cuya falda se anudaba al frente y cargaba una "punta" clavada en la cintura. Por si las dudas.

          Además del pasajuego de Baldo en el barrio había otros tres; el de Efraín en Calzada Madero, entre Juan Escutia y Montes de Oca del lado izquierdo, "adelantito estaba la fábrica de cerveza T"; otro quedaba antes del Ojito de Agua, frente a la Dina y atrás de la estación estaba el de Juan Chaparro; allí vivía Juan Chaparro, que trabajaba en el ferrocarril dónde era mayordomo de vía.

          Estos son algunos lugares, cosas y personas del barrio que ya no vieron mis hijos, que no sabrán mis nietos y que serán devoradas y sepultadas por el tiempo como si nunca hubieran existido.

cpcgdocast@castilanconsultoria.com.mx

 

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.