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-LENCHO-
A finales de la década de los años 50 S en la ciudad de
Oaxaca deambulaba en el zócalo y los portales un singular
personaje conocido como el "Negro Lencho".
Comerciante ambulante, vendía machetes y cuchillos que
ofrecía a los clientes y turistas en los restaurantes y
cafeterías del rumbo. Originario al parecer, del poblado de
Collantes, en la costa del Mar Pacífico del Estado de Oaxaca.
Impresionante por su elevada estatura, más alta que la media
del oaxaqueño del valle, de gran fortaleza física, canoso en
sus tal vez más de cincuenta años de edad, mostraba
inconfundibles rasgos dominantes de ascendencia africana.
Dado su carácter de hombre sencillo y tranquilo, fácilmente
saludaba y aceptaba conversar al ser abordado por sus amigos o
quien lo detenía un momento para examinar su mercancía. De
andar lento y pesado, vestía su corpachón con calzón largo
y camisa de manta blanca, de algodón. Calzaba huaraches de
cuero.
Padecía alguna afección psiquiátrica pues al poco rato de
charla, refería que "ondas de radio" le afectaban
la cabeza y hacía responsable de ello al gerente de la única
estación difusora que funcionaba en la ciudad. Amigos bien
intencionados y algo en broma, esbozaban alguna pantomima
sobre su cráneo para "desconectarlo" de la mala
influencia.
A un lado lo anecdótico, es posible afirmar que la imagen de
Lencho, es en buena medida una clara muestra de aculturación
y mestizaje de a población de origen africano al pueblo de
México, concretamente en la llamada Costa Chica de Guerrero y
Oaxaca.
Las primeras generaciones de esos seres humanos obligados a
una emigración forzada, sufrieron una cruel mutilación de su
forma de ser y manera de vivir, amen del abandono definitivo
de sus hogares, familia y organización social, sin esperanza
de volver a ver su mundo conocido. Perdido el consuelo de ver
rostros amigos y oír las voces y sonidos de su entorno, las
víctimas del tráfico de esclavos se dispersaban en grupos
heterogéneos, procedentes de diferentes tribus y pueblos. Su
destino era incierto y cambiante. Hoy día, sea difícil, sino
imposible, identificar testimonios culturales de su vida como
pueblo, anterior al proceso de esclavización, que aunque la
humanidad lo ha visto prácticamente en todas las épocas y
culturas, probablemente en ningún caso llegó a los extremos
de África. A la Nueva España, las primeras remesas de
esclavos llegaron en 1518.
LA
PROCEDENCIA
Aguirre Beltrán señala al Sudán Occidental, al Congo y al
Golfo de Guinea, como las regiones del continente africano de
donde procedían los grupos de esclavos llegados a Oaxaca y
Guerrero. Murguía y Galardi afirma en 1818, que en Oaxaca la
migración de negros hacia a costa se dio proveniente de las
minas del interior del estado, que se hacían improductivas
por la inestabilidad de sus vetas y una pobre explotación,
que obligaba a sus dueños a abandonarlas.
También, venían de las haciendas que explotaban la caña de
azúcar. Algunos esclavos eran liberados y traídos por sus
patrones. Otros habían escapado y fueron llamados
"cimarrones" por andar libres en el campo y el
monte. Formaron núcleos cerrados, rebeldes y desconfiados,
siempre a la defensiva, por lo que conservaron mejor la
peculiaridad de sus caracteres genéticos tal vez algunos
rasgos culturales. De cualquier forma, la Costo del Pacífico
debió agradarles por su semejanza con los países y clima que
recordaba su memoria comunitaria acerca de los lugares donde
nacieron y crecieron antes de ser arrancados de ahí.
Los que llegaron con sus amos, básicamente fueron empleados
en las estancias ganaderas de los españoles como vaqueros y
caporales de confianza, entre otras razones, porque existía
la restricción del gobierno virreinal para que los indígenas
montaran a caballo, así como de formar parte de las milicias,
lo cual explica que había batallones completos formados por
soldados negros con oficiales europeos. Ese status les
representaba un mejor trato e ingreso económico y al concluir
la guerra de independencia algunos quedaron como propietarios
de las tierras y ganados que habían pertenecido a sus
antiguos amos y jefes militares.
Por lo expuesto, se infiere que la versión común que
atribuye el supuesto naufragio de un navío que transportaba
esclavos y al escapar éstos tierra adentro, dieron origen a
la población negra de la costa, se antoja fantasiosa y poco
creíble. En la ruta del Mar Pacifico viajaba la Nao de China,
que a partir de Filipinas sostenía un activo comercio con su
destino, Acapulco. Al principio los navegantes hacían el
viaje directo, pero después descubrieron que si aprovechaban
las corrientes marinas les llevaba menos tiempo si efectuaban
una escala en San Francisco, California. Este tráfico e
inmigración asiática fue el inicio del hoy famoso Barrio
Chino de esa ciudad, antes hispanoamericana, hoy
norteamericana.
Con certeza, el tráfico de esclavos fundamentalmente se dio
por el Atlántico, a través del Mar Caribe y las Antillas,
donde dejó su inconfundible huella, hasta llegar a puertos
mexicanos, Veracruz, principalmente, y de allí, hacia tierra
adentro.
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