Ejemplar Número: 24

Oaxaca de Juárez, Oax.

Agosto  2005

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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               Cómo Olvidarlo ...                                                                                                         (Primera Parte)

LA VIDA ES UNA SUCECIÓN DE LECCIONES QUE DEBEN VIVIRSE PARA SER COMPRENDIDAS. HELLEN KELLER.

Sólo habían transcurrido 3 años del tremendo sismo que cambió la vida de infinidad de oaxaqueños que se autoexiliaron en la ciudad de México, huyendo del movimiento telúrico que destruyó casas, calles, templos y dio paso a una nueva clase social, venida de los distritos, sobre todo caficultores de las poblaciones de Pochutla, Candelaria, Pluma Hidalgo o algunos otros puntos de la Costa para abatir la baja cifra de pobladores de la capital oaxaqueña con que se reconstruyó la imagen urbana.

Cuando conocí a Everardo como reportero del periódico local «El Oaxaqueño» a donde mi vocación e inquietudes particulares me habían llevado, forzando los intereses familiares que pensaban que esas oficinas eran como la «boca del lobo», para una jovencita ingénua, provinciana, tercamente romántica que pensaba lo contrario, que ahí estaba el paraíso. Entre aquellos doctos personajes el Jefe de Redacción Don Ángel Taracena, tabasqueño inefable; Don Fernando Belmar Iracundo, administrador que velaba por el crecimiento económico del diario, contando la publicación de anuncios, parcos de por sí, las «orejas», «el cintillo» y la publicación de las escasas carteleras de algunos espectáculos, bailes, kermeses y esquelas.

En el cuerpo de Redacción sobresalía Ramírez Bohorquez por ser desde entonces, acucioso con el idioma español, imaginativo para darle forma a las nostas, impecable en su apariencia, conocedor de las leyes de urbanidad, bien informado, gran conversador y admirador de las damas.

Fuera de ese ámbito de actividades extra periódico coincidimos en el famoso Ateneo Adalberto Carriedo, donde él ya figuraba como entusiasta socio, alternando con algunos grandes de la cultura: Jorge Fernando Iturribaría, connotado historiador; José Suárez, poeta de altos vuelos; Rafael Márquez Toro, prestigiado abogado quien interpretaba al piano música clásica; Guillermo Reimers Fenochio, conocedor de lo acontecido en el siglo XVI.

El instituto de Ciencias y Artes del estado, llamado glorioso por la excelencia de sus maestros que se reflejaba en los productos que ofrecía como aquellos fogosos oradores, tiernos poetas o cuentistas que median sus fuerzas organizando los Juegos Florales para exaltar la belleza y al mismo tiempo la erudición de la grey estudiantil, como Guillermo Martínez León, Rodolfo Sandoval, Jorge Santibáñez, Raymundo Villalobos Celaya, a la que se unía Everardo como declamador o actor de las huestes de Cristina Pérez Guerrero, directora teatral de magnificas obras españolas de Jacinto Benavente, Casona, Torres Quintero.

El primer congreso mexicano de historia que trajo la sabiduría de antropólogos, arqueólogos de renombre como Alfonso Caso, Wilberto Jiménez, estudiosos de la Tumba 7 y a la vez propiciaron que se organizara nuevamente bajo la égida del poeta Alberto Vargas, el periodista Fernando Ramírez de Aguilar (Jacobo Dalevuelta) y otros cultos organizadores, la primera Guelaguetza ofrecida al presidente de la república, Abelardo I. Rodríguez y a los participantes de tan avanzado programa del País efectuado en Oaxaca. Ahí estaba Everardo Ramírez Bohórquez y estaba en los viernes de El llano, echando flores verbales a las chicas en edad de merecer y quitándose su «carrete de paja» (sombrero de moda) para ponerse a los pies de todas ls damas de la sociedad que lo llamaban por su nombre, a secas, pero con muy buenas intenciones amistosas. Y estaba en los carnavales, en los reinados de Cabela Domville y Margarita Robles Arenas; y estaba en los pésames a la virgen de la Soledad, todos los Viernes Santos; y en las Noches de Rábanos, con las madrinas de los niños Dios que tiritaban en las charolas entre hilos plateados y dorados, y estaba en la Banda de Música todos los Domingos. Yo me pregunto ahora ¿A dónde no estaba Everardo?

Esta narrativa abarca los primeros años de la década de los treinta. Yo emigré a Puebla de los Ángeles para aprender más de periodismo. Las década siguiente fueron los cuarenta y los primero años de los cincuenta envolvieron por ausencia mía, otros recuerdos de ese tiempo y este espacio de Oaxaca, pero para mi gran alegría, en 1953, al radicarme nuevamente aquí, Everardo aparece protagonizando la aventura de hacer un periódico diario que ya estaba planeado junto con Eduardo Pimentel, Don Marcelino Nuciño y Don Luis Sarmiento, y me invitaban a trabajar por Oaxaca, decían ellos con poco dinero y mucho entusiasmo empezó todo aquello que es inolvidable.

Ante mis ojos ocurre un sin fin de imagenes con sólo escuchar el nombre de Oaxaca Gráfico, una verdadera trama de hechos, anécdotas, sucesos, que cambiaron nuestras vidas. Cuando salió el primer número, que lo dimos a luz como si fuera un hijo de carne y hueso, el 19 de noviembre de 1953, era de tamaño tabloide, feíto, con grabados (esa fue la inovación) y nos daba ganas de escondernos porque no correspondía a lo que habíamos concebido.

Eso sí, Everardo llevó a la Redacción su escritorio de nogal y costura, hecho en los estados Unidos de Norteamérica y su silla giratoria. Ni el periódico Excelsior debe haber tenido, en sus inicios, un mueble así, que era pieza de museo y estaba en magníficas condiciones.

En máquinas de escribir más viejas que el sol, entre ellas una Olivetti, redactábamos los originales con las notas que llevaban los reporteros de cada fuente.

Él era el director del periódico, la jefe de redacción la que escribe y el señor Pimentel el Gerente. Nuestras oficinas estuvieron, primeramente, en la esquina de Independencia y Porfírio Díaz (hoy Hotel San Antonio). En frente teníamos las oficinas del P.R.I., que dirigía el licenciado Raúl Bolaños Cacho (hoy correos y telégrafos) a un lado, en el mismo edificio nuestro, en el zaguán, componían calzado los hermanos cuauhtemoc y junto a la Fotografía de Don Manuel Ramírez López, la Farmacia Regina que atendía la gentil Olguita Castillejos dueña de esa impresionante e histórica casona; enseguida, donde está ahora el banco, había una tienda y un depósito de venta de petróleo «La Flama», a donde coincidía la juventud que de alguna forma representaba a los Rebeldes Sin Causa, que aquí se les llamaba «cadeneros».

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.