Ejemplar Número: 24

Oaxaca de Juárez, Oax.

Agosto  2005

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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               El Folklore en el Afromestizo.

Por muy fuerte que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes. khalil gibran.

El afromestizaje tiene importante presencia en poblados situados entre Puerto Escondido y límites actuales con el estado de Guerrero. En la gente de la región resaltan la alegría por vivir y el gusto por el baile, así como el desparpajo y actuar cotidianamente sin inhibiciones. Probablemente este carácter se debe en parte al pueblo negro, pero por otra, a los estancieros y misioneros andaluces que imprimieron su sello en la música, danza y hasta el modo de hablar.

Dicho sea de paso, un fenómeno similar se da en el Istmo de Tehuantepec, tal como lo narra don Andrés Henestrosa sus "Cartas sin sobre" respecto a su vivencia con unos amigos en un restaurante de Sevilla, al escuchar a unos cupletistas que amenizaron su comida, trovando el estribillo y algún verso de "La llorona".

Si por curiosidad rescatamos de la cineteca la película "El último cuplé", que le dio fama a Sarita Montiel en 1950, nos percatamos en la trama del filme, desarrollado en Andalucía, que artistas callejeros dan el fondo musical con flamencos "ayes" de la "Sandunga" y sus clásicos mamá por Dios, como en el siguiente verso:

¡Ay! Sandunga, que sandunga vana,

¡ay, mamá, por Dios,

sandunga, no seas villana,

consuela mi corazón.

Lo cual suena francamente, muy castizo. El término sandunga, en castellano, se refiere a gracia, donaire, zambra. Y zambra, es: fiesta morisca con bulla y algazara. Fiesta de los gitanos andaluces. En Juchitán, la referencia en zapoteco para bailar su música, es el son-Yaá, que quiere decir vamos a bailar según nuestra costumbre, la tradición.

Como ya lo ha sugerido Guillermo García Manzano, es probable que en una época no bien determinada, dicha música llegó a Oaxaca y se adaptó fundamentalmente al folklore del Istmo de Tehuantepec, con algunas variantes y adiciones regionales.

En Colombia sucede algo parecido como por ejemplo, en la cumbia "La pollera colorá" que dice "Ay como sandunguea, la negrita Soledad".

En el repertorio de los bailes y danzas típicas de la costa, tal vez los más representativos en cuanto a los afromestizos, sean "Los Diablos" y la "Artesa".

Amén del género de las chilenas.

SON DE LA ARTESA:- Probablemente sea el que mejor manifiesta la africanidad en su expresión corporal, por la plasticidad y armonía de las parejas que bailan cadenciosamente y zapatean sobre el tronco de un árbol tallado en sus extremos a manera de la cabeza y la cola del gallo. La música de acompañamiento es de chilenas y permite que la mujer luzca su gracia.

CHILENAS:- Se dice que la "fiebre del oro" en California fue determinante en la introducción de dicho género a nuestro país. Sin embargo, pensamos que la influencia de la música y bailes sudamericanos se dio mucho tiempo antes, de manera sostenida y permanente.

Es claro que uno de los puertos de abrigo y aprovisionamiento en el pasado fue Minizo, cercano a Pinotepa del Rey, hoy Nacional. De ahí pudo haberse extendido al oeste, por la costa de Guerrero. Al este, por Jamiltepec, al noroeste por el rumbo de Putla hacia la parte alta de la montaña, ya que en esta dirección fueron los vaqueros y arrieros negros y mulatos quienes contribuyeron a difundirla por sostener el comercio y acarreo de ganado incluso hasta Tlaxiaco y Puebla.

Castro Mantecón relaciona el intenso movimiento de carga y descarga de barcos, con el auge agrícola y comercial oaxaqueño de mediados de 1655, abierto por tierra con Chiapas y Guatemala. Por mar, con comerciantes peruanos y chilenos que venían a realizar sus transacciones. Y justo en esos años refiere el trasplante de arte sudamericano hacia Oaxaca.

Hay otras poblaciones oaxaqueñas en las que se asentó la música sudamericana en sus diversas variantes, en lugares alejados de Pinotepa y más para la época a la que nos referimos, de comunicaciones terrestres difíciles y riesgosas.

El sentido común nos dice que muy probablemente no solo en Minizo hubo transculturación, sino también en Puerto Escondido, que era accesible a la ruta y comercio con la ciudad de Oaxaca vía San Pedro Mixtepec, Nopala, Juquila y Sola de Vega, plazas en donde la chilena está más viva que nunca.

Se sustenta esta tesis en el hecho de que es posible acreditar escalas de barcos en Puerto Escondido, desde el año 1811, por ejemplo: La relación oficial del gobierno virreinal en su puesto militar y control aduanal de Acapulco, registra la salida para Puerto Escondido y Punta Arenas-Chile- del Bergantín de S.M. "San Carlos". Igualmente hacia Guayaquil, Ecuador, de a Fragata "Bárbara", consignando la carga que transportaban.

El año de 1818, Murguía y Galardi relata que cuatro años atrás constató la presencia en Puerto Escondido, de un navío que hizo escala en su viaje del puerto de San Blas, Nayarit, con destino a Guayaquil, Ecuador. Y hace el comentario de haber visto "un gran cartucho de perlas, extraídas por los marineros en el mismo puerto". Ochoa Campos acredita que en diciembre de 1821, atracaron en Acapulco, navíos de la Marina Armada de Chile, enviados por el Almirante Bernardo O’Higgins en apoyo a los insurgentes mexicanos, pero al enterarse que la independencia de México era un hecho consumado, los marineros se unieron a los festejos populares con sus cantos y bailes, en un evento históricamente significativo y valioso por lo que representa en las relaciones de ambos países hispanoamericanos.

Castro Mantecón descubrió partituras de la música, (150 años antes que la "fiebre del oro" en California que fue alrededor de 1870), de una pieza llamada "Fiesta de Negros" y chilenas costeñas de Nopala, de 1729; da la relación cronológica de los músicos y cantores del coro de la Catedral de Antequera y en 1711, después de los seis primeros artistas, que fueron españoles, aparece el mulato Nicolás Vasconcelos. Además menciona un género profano-religioso de cantos y movimientos que se acostumbraba en las reuniones de negros, denominado "Oratonos" y "Escapularios", algo así como los Blues del Sur en Estados Unidos.

Así pues, pensamos que no fue solamente un punto en la costa de Oaxaca y Guerrero donde se dio el intercambio cultural de los comerciantes sudamericanos con sus habitantes, ni tampoco un solo poblado puede autodenominarse cuna de este género costumbrista, sino que fue un largo proceso de tal vez los siglos XVI y XVIII, de intensa y enriquecedora convivencia humana, que ha dado hermosas piezas musicales como la siguiente, dedicada o Puerto Escondido por su autor, Don Enrique Calvo de Sola de Vega.

"Cuando vengas a Oaxaca, yo sólo un favor te pido…

Que no dejes de bañarte, allá en mi Puerto Escondido.

Sólo que la mar se seque, no me he de seguir bañando...

Puerto Escondido, que lejos te vas quedando…

COMENTARIO: A propósito del tema, considero pertinente hacer la observación de que hay la tendencia actual, a suplir la picardía, el ingenio y la ironía tradicionales en este género costumbrista por la procacidad, el mal gusto y vulgaridad para ganar la carcajada y el aplauso fácil del público pero con esto lo que se consigue es perder cada vez más la autenticidad y el encanto originales de las primeras creaciones. En general, los directores de tales grupos artísticos deben hacer una reflexión al respecto pues este negativo fenómeno, recae en su responsabilidad.

En el Son de la Artesa, el acompañamiento musical, puede ser con armónica o violín, en una melodía reiterativa que tiene como fondo el sonar de las muelas flojas de una quijada de asno(charasca) y un sonido que imita el rugido del tigre, que se produce en el "bote del diablo", instrumento primitivo consistente en un calabazo vacío-teconte-que actúa como caja de resonancia, con una tapa de piel y un agujero central donde se frota una vara lubricada con cera de monte. De hecho es como el Tungundú africano o la zambumbia, en Colombia. Gutiérrez Ávila señala que su antecedente es un rito bantú de iniciación a la tribu.

La danza de "Los Diablos", bailable muy arraigado en los pueblos afromestizos como Collantes, Lo de Soto, Cuajinicuilapa, José María Morelos, Santo Domingo y otros, se realiza con pasos vigorosos y rápidos, en un ritmo verdaderamente de acuerdo a su nombre. Las vocalizaciones de los danzantes, en tono bajo y profundo hacen recordar un canto africano, respecto al significado, en las presentaciones oficiales que se hacen del baile en los festivales de danza, hemos escuchado entre otras afirmaciones más o menos falaces que es en honor del Dios Ruga. Sin descartar que lo anterior pudiese tener algún sustento, debemos aceptar que la influencia de los misioneros fue fundamental, pues son danzas que aprovecharon para la evangelización en América.

Francisco Planchez, investigador de la historia y el folklore de Venezuela, relata la práctica de la misma coreografía en la costa de su país, mas específicamente en un poblado llamado Chuao, de gente mayoritariamente afroamericana, que por su aislamiento geográfico conserva la danza de "los Diablos", pura y sin contaminaciones.

Describe el baile con ejecutantes disfrazados de diablos, con personajes como "la Minga" o "Sayona". El capataz o diablo mayor, padre de todos los diablos. Se acompañan con el ritmo de un tambor y otros instrumentos primitivos que no describe, pero es de suponer que sean similares a los usados aquí. Planchez da a conocer que dicho bailable es la adaptación que utilizaban los misioneros católicos durante la Colonia, para convertir a los primeros esclavos, que fueron liberados en Venezuela hasta 1654, unos veinticinco años después que en México. Por cierto la palabra minga parece derivar de una voz de guinea ecuatorial (mininga) que significa amante, querida indígena que tiene trato sexual con los blancos.

La coreografía se realiza en las calles polvorientas de Chuao y bailan principalmente frente a la iglesia cristiana, ante la Cruz del Perdón, que es de madera de 1.20 mts de altura y simboliza la que protegía a sus antepasados de ser castigados por los capataces, que frente a ella, no se atrevían a darles látigo. Después de danzar se dejan caer en silencio por 15 minutos frente al templo del pueblo para purificarse ante Dios y así, los diablos de la maldad, son sometidos al bien. Obviamente, para los misioneros los dioses africanos, eran los "diablos de la maldad".

En nuestro país los grupos afromestizos de la costa efectúan estos bailes sobre todo el "Día de Muertos", en noviembre, y en Venezuela se acostumbra para celebrar el Corpus Christi, en mayo o junio.

También hay otras partes de México en que los pueblos indígenas utilizan esos disfraces de diablos en sus festividades religiosas, lo que demuestra que no es exclusivo de los afromestizos.

Respecto a esta danza, hay una anécdota verídica de Cuajiniculapa, en la que se habla de un grupo de negros de alguna cuadrilla rival, que se disfrazaron de diablos y entraron al poblado sin despertar sospechas, bailaron y sacaron de entre sus ropas armas para acribillar a los descuidados varones de "Cuaji", consumar su venganza y escapar.

En relación al vestuario, se considera que es muestra simbólica de las diferentes formas que adopta la maldad, o sea el diablo. Por eso no hay regla en su elaboración y se deja a la imaginación de cada quien, para que aproveche alguna ropa vieja y complete el disfraz con la máscara de madera y cuernos de venado, con barbas de crin y cola de caballo.

"Se dice que la "fiebre del oro" en California fue determinante en la introducción de la chilena a nuestro país. Sin embargo, pensamos que la influencia de la música y bailes sudamericanos se dio mucho tiempo antes, de manera sostenida y permanente"

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.