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Tlacolula
de Matamoros se encuentra a treinta kilómetros de la ciudad
de Oaxaca de Juárez (Tlacolula, en zapoteco se dice
Guichibaa, que significa: tierra del cielo). La fiesta más
importante es la del Señor de Tlacolula, en el mes de
octubre. Cuenta con un pequeño jardín con kiosco y su
Palacio Municipal con corredores y arcadas sostenidas por
espigados pilares. Los domingos se realiza el tianguis,
reminiscencia de los antiguos mercados tenochcas; ocurren
personas de muchos lugares principalmente del Istmo de
Tehuantepec y de la Zona Mixe.
Es
notoria la presencia de las mujeres de San Nicolás Quialana,
que lucen la policromía brillante de sus blusas, faldas,
mascadas; caminan airosas con su canasto de carrizo en el
brazo y en la mano derecha, una jícara, con "chiles de
agua" o serranitos; chicozapotes, tomates, miltomates,
mangos u otras frutas de la temporada. Se escucha por todos
los rincones un murmullo que nos envuelve; es el eco
melodioso, dulce, de las voces zapotecas; entre el humo del
carbón que se quema en los fogones para asar el tasajo fresco
u oreado, las tripas o el chorizo; las cebollas o el chile,
para un rico "taco" con tortillas de maíz blanco,
amarillo o del negrito.
A
propios y extraños les gusta este mercado; quizás, por que
ahí se siente, se palpita al ritmo del corazón del pueblo;
lo que es, cómo se viste, qué come, qué platica; es lugar
de comunión, de intensa, de profunda comunicación humana. Al
vendedor no sólo le importa vender, sino caminar, hablar,
gritar, reír, regatear, ¡sí! regatear, es parte del
negocio, si no, no es negocio; del gusto de comerciar,
comentar, saber lo que sucede al vecino, al amigo, al
visitante, esto es: «chismear»; esto es parte esencial; es
el ser de estos lugares de congregación, por ello, han pasado
años y años y ahí están presentes, vivos, actuantes,
dinámicos.
Tlacolula
es zona de cultivo y venta de exquisito mezcal famoso ya en
diversas partes del mundo. En los "puestos" se puede
saborear una rica nieve de leche quemada, tuna, limón,
sorbete, o de nuez, o comprar blusas y faldas tejidas o
bordadas a mano; tapetes de lana elaborados en telares;
cinturones, huaraches, en fin, muchos, muchos productos
creados por los artesanos oaxaqueños. En el baratillo los
hombres y las mujeres venden sus vacas, toros, asnos, chivos,
borregos, y aún practican el trueque, común durante la vida
precortesiana.
Tlacolula
cuenta con un enorme conjunto arquitectónico religioso
construido en el siglo XVIII por los dominicos. Su portada es
sencilla, a los lados cubos sosteniendo portentosas torres que
sirven como campanarios. El atrio es espacioso circundado por
una barda de cantera con tres puertas de acceso y capillas
posas; es utilizado para descansar, platicar, tomar alimentos,
esperar la hora de los oficios religiosos, quemar el castillo
o las ruedas catarinas en las grandes celebraciones. El templo
es de una sola nave con bóveda de cañón segmentada por dos
arcos fajones, rematando con la semiesférica del crucero y se
continúa con la del presbiterio. En el ábside se encuentra
un nicho con la imagen de la virgen de la Asunción; a los
lados las de Jesús y San José. Sobresale la mesa del
oficiante cubierta con placas de plata repujada. En el
extradós del arco triunfal se representa a la Virgen de la
Asunción. Del lado izquierdo, cerca del presbiterio, hay una
puerta por la que se accede al curato y por otra en el muro
derecho, a la capilla dedicada al Señor de Tlacolula,
decorada profusamente, con acabados semejantes a los de Santo
Domingo de Guzmán de la ciudad de Oaxaca, sin llegar a tal
perfección y belleza. Sobre los muros laterales se ven
retablos neoclásicos.
El
estucado de la capilla del Señor de Tlacolula, en alto
relieve dorado cubre muros y bóvedas con lazos y entrelazos.
Son admirables los sendos y gigantescos candelabros de plata
que enmarcan el presbiterio a la altura del comulgatorio;
preciosas obras de los orfebres oaxaqueños, que dejaron
plasmada su sapiencia, habilidades, sensibilidad, en estas
piezas, así como los floreros que decoran el interior del
camerín de Jesús Crucificado en cruz barroca dorada con
forma de tronco de árbol retorcido. Las paredes interiores
cubiertas con abigarrada yesería y cientos de
"milagros" de plata. En las entrecalles laterales
San José y la virgen María. El Púlpito es muy hermoso, el
comulgatorio y la puerta de acceso a la capilla son muestras
colosales de la herrería.
En el
muro izquierdo del presbiterio se dibuja el descendimiento de
Jesús sostenido por Nicodemus. Arriba, un óculo, para
permitir la entrada de luz al interior. A los lados de la
puerta, sendos cuadros de madera en los que resaltan águilas
bicéfalas. Sobre el muro del lado derecho, vemos a María
Madre, María Magdalena y a Juan el Evangelista con Jesús una
vez bajado de la cruz. La decoración general de ambos muros
es semejante; se visten con ramas de la vid que nace de un
gran macetón central. A los lados de la puerta sendos cuadros
de madera en los que resaltan Águilas Bicéfalas.
En
general la decoración interior es muy rica, pero llama la
atención y sorprende, por la forma de presentar las
imágenes; parece que es el panteón de los mártires
cristianos, muertos por la propagación de la fe, por ejemplo:
San Andrés sobre aspas; San Pedro, crucificado de cabeza; San
Pablo, decapitado, al igual que San Juan el Evangelista; San
Pedr Mártir, con un golpe de hacha en la cabeza. A veces
pienso que esto tiene alguna relación con la cercana zona
arqueológica de Mitla, Mictlán, lugar o ciudad de los
muertos, para los zapotecas; es la ciudad de los sacerdotes,
uno de los centros ceremoniales mayores; destino final de los
dignatarios indígenas.
Además,
en el interior de esta pequeña capilla, silenciosa y llena de
misticismo, existen retablos dorados dedicados a la Virgen
María, al Padre Eterno y a San Pedro Mártir, con una hacha
clavada en su cabeza y un cuchillo en su corazón. Al Ecce
Homo, el de San Antonio de Padua, y otros más. Lucen pinturas
al óleo de gran formato que representan a San Nicolás de
Bari, patrono de los niños y jóvenes; a San Sebastián, de
los campesinos; a San Juan Nepomuceno, de los confesores y a
San Jacinto, uno de los más grandes evangelizadores
dominicos.
La carga
decorativa del interior de la cúpula del crucero llama la
atención por su carga decorativa, tiene base octogonal,
peraltada, con gajos, y en el cenit resalta la imagen de
Jesús con la con la cruz a cuestas y alrededor algunos de los
más connotados personajes dominicos: San Luis Beltrán, Santa
Catalina de Risis, Santo Domingo de Guzmán, San Vicente
Ferrer, Santa Inés de Montepulchiano, San Enrique y Santa
Rosa de Lima, y las pechinas están cubiertas por los
Arcángeles.
En
las comunidades de la región se conservan muchas de las
costumbres y tradiciones que vienen desde la antigüedad ;
prácticas transmitidas de padres a hijos pero además muy
cuidadosos de su observancia. Algunas mujeres usan todavía el
huipil, corto o hasta los tobillos; el corto se lleva con el
enredo de manta enrollado en la cintura y sostenido por
ceñidor, generalmente teñido con el colorante de la grana
cochinilla. Las sandalias de ixtle del Maguey; cabello largo
trenzado con cintas de colores, sujetándolo alrededor de la
cabeza; los hombres usan calzón y camisa de manta blanca,
pero sin cuello, por dentro o fuera del calzón. La cabeza se
la cubrían con un sombrero llamado "panza de
burro".
Para las
comunidades, la tierra vive, es una divinidad y hay que
nutrirla, rendirle culto, con ritos y ceremonias que se llevan
a cabo en el campo, al inicio de las siembras o en la cosecha,
en todo esto interviene la familia, porque se cree que el
éxito o fracaso afectará o beneficiará a todos.
El
"TEQUIIO ( vocablo nahoa que significa: ayuda,
cooperación), es una de las costumbres más arraigadas y por
las que muchos de los pueblos hacen frente a sus necesidades
de carácter público. Consiste en que cada individuo como
parte de la comunidad tiene la obligación de participar con
sus recursos o trabajo personal en alguna tarea de beneficio
social: cuidado del templo, topil, autoridad municipal,
construcción de la escuela, Centro de Salud, barda de la
iglesia, pintura del Palacio Municipal, aplanado de calles,
etc.. La Guelaguetza, vocablo en lengua zapoteca que significa
cooperación, servicio, ayuda, pero esta se da entre
particulares. Esto es, ofrecer nuestro trabajo, recursos
financieros o cualquier otro tipo de ayuda en beneficio del
amigo o del conocido. Es común en la celebración de
bautizos, casamientos, defunciones, etc. Cada persona llega
con algo; el anotador apunta en una libreta el donativo
adquiriéndose el compromiso social y moral, de restituir el
obsequio en algún momento de su vida, en el que aquel lo
necesite. La MAYORDOMIA es práctica común. En alguno pueblos
los integrantes de la comunidad se reúnen al principio del
año, en el atrio del templo, en el curato o en el Palacio
Municipal. La asamblea elige o recibe las solicitudes de
quienes desean ser mayordomos, cuya responsabilidad es
promover, organizar y financiar la fiesta del Santo Patrón o
de algún otro personaje de interés para la comunidad. El
compromiso es por un año, y es una gran responsabilidad
social pero principalmente es el orgullo de haber cumplido con
su pueblo.
" El
estucado de la capilla del Señor de Tlacolula, en alto
relieve dorado cubre muros y bóvedas con lazos y entrelazos"
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