Ejemplar Número: 24

Oaxaca de Juárez, Oax.

Agosto  2005

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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               Tlacolula de Matamoros

 El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele. Marco Aurelio.

Tlacolula de Matamoros se encuentra a treinta kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez (Tlacolula, en zapoteco se dice Guichibaa, que significa: tierra del cielo). La fiesta más importante es la del Señor de Tlacolula, en el mes de octubre. Cuenta con un pequeño jardín con kiosco y su Palacio Municipal con corredores y arcadas sostenidas por espigados pilares. Los domingos se realiza el tianguis, reminiscencia de los antiguos mercados tenochcas; ocurren personas de muchos lugares principalmente del Istmo de Tehuantepec y de la Zona Mixe.

Es notoria la presencia de las mujeres de San Nicolás Quialana, que lucen la policromía brillante de sus blusas, faldas, mascadas; caminan airosas con su canasto de carrizo en el brazo y en la mano derecha, una jícara, con "chiles de agua" o serranitos; chicozapotes, tomates, miltomates, mangos u otras frutas de la temporada. Se escucha por todos los rincones un murmullo que nos envuelve; es el eco melodioso, dulce, de las voces zapotecas; entre el humo del carbón que se quema en los fogones para asar el tasajo fresco u oreado, las tripas o el chorizo; las cebollas o el chile, para un rico "taco" con tortillas de maíz blanco, amarillo o del negrito.

A propios y extraños les gusta este mercado; quizás, por que ahí se siente, se palpita al ritmo del corazón del pueblo; lo que es, cómo se viste, qué come, qué platica; es lugar de comunión, de intensa, de profunda comunicación humana. Al vendedor no sólo le importa vender, sino caminar, hablar, gritar, reír, regatear, ¡sí! regatear, es parte del negocio, si no, no es negocio; del gusto de comerciar, comentar, saber lo que sucede al vecino, al amigo, al visitante, esto es: «chismear»; esto es parte esencial; es el ser de estos lugares de congregación, por ello, han pasado años y años y ahí están presentes, vivos, actuantes, dinámicos.

Tlacolula es zona de cultivo y venta de exquisito mezcal famoso ya en diversas partes del mundo. En los "puestos" se puede saborear una rica nieve de leche quemada, tuna, limón, sorbete, o de nuez, o comprar blusas y faldas tejidas o bordadas a mano; tapetes de lana elaborados en telares; cinturones, huaraches, en fin, muchos, muchos productos creados por los artesanos oaxaqueños. En el baratillo los hombres y las mujeres venden sus vacas, toros, asnos, chivos, borregos, y aún practican el trueque, común durante la vida precortesiana.

Tlacolula cuenta con un enorme conjunto arquitectónico religioso construido en el siglo XVIII por los dominicos. Su portada es sencilla, a los lados cubos sosteniendo portentosas torres que sirven como campanarios. El atrio es espacioso circundado por una barda de cantera con tres puertas de acceso y capillas posas; es utilizado para descansar, platicar, tomar alimentos, esperar la hora de los oficios religiosos, quemar el castillo o las ruedas catarinas en las grandes celebraciones. El templo es de una sola nave con bóveda de cañón segmentada por dos arcos fajones, rematando con la semiesférica del crucero y se continúa con la del presbiterio. En el ábside se encuentra un nicho con la imagen de la virgen de la Asunción; a los lados las de Jesús y San José. Sobresale la mesa del oficiante cubierta con placas de plata repujada. En el extradós del arco triunfal se representa a la Virgen de la Asunción. Del lado izquierdo, cerca del presbiterio, hay una puerta por la que se accede al curato y por otra en el muro derecho, a la capilla dedicada al Señor de Tlacolula, decorada profusamente, con acabados semejantes a los de Santo Domingo de Guzmán de la ciudad de Oaxaca, sin llegar a tal perfección y belleza. Sobre los muros laterales se ven retablos neoclásicos.

El estucado de la capilla del Señor de Tlacolula, en alto relieve dorado cubre muros y bóvedas con lazos y entrelazos. Son admirables los sendos y gigantescos candelabros de plata que enmarcan el presbiterio a la altura del comulgatorio; preciosas obras de los orfebres oaxaqueños, que dejaron plasmada su sapiencia, habilidades, sensibilidad, en estas piezas, así como los floreros que decoran el interior del camerín de Jesús Crucificado en cruz barroca dorada con forma de tronco de árbol retorcido. Las paredes interiores cubiertas con abigarrada yesería y cientos de "milagros" de plata. En las entrecalles laterales San José y la virgen María. El Púlpito es muy hermoso, el comulgatorio y la puerta de acceso a la capilla son muestras colosales de la herrería.

En el muro izquierdo del presbiterio se dibuja el descendimiento de Jesús sostenido por Nicodemus. Arriba, un óculo, para permitir la entrada de luz al interior. A los lados de la puerta, sendos cuadros de madera en los que resaltan águilas bicéfalas. Sobre el muro del lado derecho, vemos a María Madre, María Magdalena y a Juan el Evangelista con Jesús una vez bajado de la cruz. La decoración general de ambos muros es semejante; se visten con ramas de la vid que nace de un gran macetón central. A los lados de la puerta sendos cuadros de madera en los que resaltan Águilas Bicéfalas.

En general la decoración interior es muy rica, pero llama la atención y sorprende, por la forma de presentar las imágenes; parece que es el panteón de los mártires cristianos, muertos por la propagación de la fe, por ejemplo: San Andrés sobre aspas; San Pedro, crucificado de cabeza; San Pablo, decapitado, al igual que San Juan el Evangelista; San Pedr Mártir, con un golpe de hacha en la cabeza. A veces pienso que esto tiene alguna relación con la cercana zona arqueológica de Mitla, Mictlán, lugar o ciudad de los muertos, para los zapotecas; es la ciudad de los sacerdotes, uno de los centros ceremoniales mayores; destino final de los dignatarios indígenas.

Además, en el interior de esta pequeña capilla, silenciosa y llena de misticismo, existen retablos dorados dedicados a la Virgen María, al Padre Eterno y a San Pedro Mártir, con una hacha clavada en su cabeza y un cuchillo en su corazón. Al Ecce Homo, el de San Antonio de Padua, y otros más. Lucen pinturas al óleo de gran formato que representan a San Nicolás de Bari, patrono de los niños y jóvenes; a San Sebastián, de los campesinos; a San Juan Nepomuceno, de los confesores y a San Jacinto, uno de los más grandes evangelizadores dominicos.

La carga decorativa del interior de la cúpula del crucero llama la atención por su carga decorativa, tiene base octogonal, peraltada, con gajos, y en el cenit resalta la imagen de Jesús con la con la cruz a cuestas y alrededor algunos de los más connotados personajes dominicos: San Luis Beltrán, Santa Catalina de Risis, Santo Domingo de Guzmán, San Vicente Ferrer, Santa Inés de Montepulchiano, San Enrique y Santa Rosa de Lima, y las pechinas están cubiertas por los Arcángeles.

En las comunidades de la región se conservan muchas de las costumbres y tradiciones que vienen desde la antigüedad ; prácticas transmitidas de padres a hijos pero además muy cuidadosos de su observancia. Algunas mujeres usan todavía el huipil, corto o hasta los tobillos; el corto se lleva con el enredo de manta enrollado en la cintura y sostenido por ceñidor, generalmente teñido con el colorante de la grana cochinilla. Las sandalias de ixtle del Maguey; cabello largo trenzado con cintas de colores, sujetándolo alrededor de la cabeza; los hombres usan calzón y camisa de manta blanca, pero sin cuello, por dentro o fuera del calzón. La cabeza se la cubrían con un sombrero llamado "panza de burro".

Para las comunidades, la tierra vive, es una divinidad y hay que nutrirla, rendirle culto, con ritos y ceremonias que se llevan a cabo en el campo, al inicio de las siembras o en la cosecha, en todo esto interviene la familia, porque se cree que el éxito o fracaso afectará o beneficiará a todos.

El "TEQUIIO ( vocablo nahoa que significa: ayuda, cooperación), es una de las costumbres más arraigadas y por las que muchos de los pueblos hacen frente a sus necesidades de carácter público. Consiste en que cada individuo como parte de la comunidad tiene la obligación de participar con sus recursos o trabajo personal en alguna tarea de beneficio social: cuidado del templo, topil, autoridad municipal, construcción de la escuela, Centro de Salud, barda de la iglesia, pintura del Palacio Municipal, aplanado de calles, etc.. La Guelaguetza, vocablo en lengua zapoteca que significa cooperación, servicio, ayuda, pero esta se da entre particulares. Esto es, ofrecer nuestro trabajo, recursos financieros o cualquier otro tipo de ayuda en beneficio del amigo o del conocido. Es común en la celebración de bautizos, casamientos, defunciones, etc. Cada persona llega con algo; el anotador apunta en una libreta el donativo adquiriéndose el compromiso social y moral, de restituir el obsequio en algún momento de su vida, en el que aquel lo necesite. La MAYORDOMIA es práctica común. En alguno pueblos los integrantes de la comunidad se reúnen al principio del año, en el atrio del templo, en el curato o en el Palacio Municipal. La asamblea elige o recibe las solicitudes de quienes desean ser mayordomos, cuya responsabilidad es promover, organizar y financiar la fiesta del Santo Patrón o de algún otro personaje de interés para la comunidad. El compromiso es por un año, y es una gran responsabilidad social pero principalmente es el orgullo de haber cumplido con su pueblo.

" El estucado de la capilla del Señor de Tlacolula, en alto relieve dorado cubre muros y bóvedas con lazos y entrelazos"

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.