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Este
cuadro es un Clauset, comentó el
Ingeniero Víctor Bravo Ahuja, al mirar
un Paisaje del Valle de México,
rústicamente enmarcado. Al escucharlo el
Ing. Norberto Aguirre se me quedó viendo
para que afirmara o desmintiera tal
aseveración, esto es lo que hice,
diciéndole con cierto orgullo: es de
Rodolfo Morales, pintor egresado de San
Carlos, nativo de Ocotlán. Bravo Ahuja
se acercó más y como queriendo
justificar su aseveración dijo ¡tiene
influencias! La escena ocurría en la
sala de la casa de ustedes al iniciar su
brevísimo período de gobernante el
Ingeniero Bravo Ahuja. El cuadro llevaba
en mi poder varios años que, junto con
otros cuadros, formó la primera
exposición que el artista realizó en
esta Ciudad, en los últimos años de la
década de los cincuenta, en la casona
que el Lic. Eduardo Vasconcelos siendo
gobernador, compró a la familia Rueda
Magro para destinarla a Biblioteca del
Estado, hoy Escuela de Arquitectura de
la U.A.B.J.O.
Rodolfo desde esos lejanos años me dio
mi amistad y este logro fue recíproco.
En su taller, en el D.F. en varias
ocasiones, teniendo como fondo cultural
la muy amena conversación del Licenciado
Gonzalo Hernández Sanabria, cenábamos
típicos antojos. La promoción de su
pintura la llevaba yo en la punta de la
lengua y era el personaje que me daba
caché ante los medios periodísticos en
los que me movía cotidianamente; de esta
propaganda resultó un efecto que parecía
de toda la vida, sus padres, la maestra
Rufina López y su papá Don Ángel,
conjuntamente con su hermano Javier y su
esposa Guille, los hijos de este
matrimonio nos eran muy familiares,
alternábamos con ellos aquí. En México
lo hacía Rodolfo con mis parientes entre
ellos Lucía, mi sobrina a la que regaló
un bello cuadro titulado “Mercado de
Animales”, Lucía era mi proyecto de una
relación amistosa con Rodolfo. Ella
estudiaba decoración pero era una
muchacha introvertida y acercarse a un
pintor con tanta sensibilidad y
conocimientos lo hubiera abierto un
horizonte diferente. Esta sincera y
buena intención fracasó. Ella se fue a
Europa, conoció a un poeta italiano, al
regresar se casó por poder y enseguida
se fue a radicar a Roma.
Por ese tiempo Rodolfo ya había
realizado el mural en el Palacio
Municipal de su pueblo, donde dejó
plasmada parte de la historia de ocotlán,
la fisonomía geográfica y las
circunstancias cotidianas de sus gentes,
en oficios y ocupaciones. El mural no
fue ni ha sido valorado por el devenir
político del municipio, sólo uno el
señor—le dio la oportunidad de pintar el
resto del Palacio Municipal usando en su
totalidad los marcos y vidrios de las
puertas, en este trabajo de Rodolfo ya
se integran municipios y agencias que
conforman el Distrito de Ocotlán.
Rodolfo
entregó a su solar nativo las primicias
de sus conocimientos en el primer mural
y después la madurez de su arte, pero
extrañamente los Munícipes, por razones
que están a la vista, no han aprovechado
como sucede, en otras partes, con sus
artistas, el legado que Morales puso
desinteresadamente en sus manos, para
que lo administraran debidamente. Están
en deuda con el pintor y pienso que,
nosotros sus amigos de ayer y de ahora
tenemos la obligación de promover y
llevar a cabo un homenaje en el que
aflore el reconocimiento popular. Es lo
menos que merece por su generosidad.
En 1955 empezó a dar clases de dibujo en
la Prepa Cinco, empleo docente que lo
puso en contacto con gente muy joven y
con otros artistas, permitiéndole
adquirir, por medio de un préstamo a
Pensiones, que me parece no pasó de
cincuenta pesos, la casona solariega que
perteneció a la familia Ortigoza que por
cierto estaba en ruinas pero que fue
reparando durante largos años,
invirtiendo sus sueldos y, más tarde,
todas sus entradas, cuando ya vendía sus
cuadros a partir de la fecha en que
conoció a Rufino Tamayo e hizo su
primera Exposición en Cuernavaca, en las
Campanas, siendo este acontecer el que
dio el despegue artístico de Rodolfo
para ser conocido en la capital primero
donde su vida había trascendido a un
grupo de amigos nuevos, amigos como
Heles Cabrera y Felipe Orlando con los
que trabó verdadera amistad y quienes lo
invitaron a viajar por Inglaterra y
Sudamérica, amigos que fueron para él
los introductores a un mundo muy
diferente al que estaba acostumbrado,
personas con dinero y relaciones a los
que dio su amistad como una presea
amorosa ampliando para sí un círculo al
que estuvo confinado, el pequeño grupo
que conocía en Oaxaca: Juan Herrera,
Juan Baigts, Edmundo Aquino, Aurea
Virgen, Rodolfo Álvarez, Socorro Merlín
y un grupo de actores.
Rufino Tamayo prodigó a Rodolfo el apoyo
moral y la gran sombra de su genio.
Rodolfo antes de conocerlo desdeñaba las
Exposiciones, le parecían aparantosas
innecesarias.- Tamayo modeló este
criterio y le enseñó el camino de la
fama, claro que sin su talento no la
hubiera alcanzado a pesar de ese apoyo.
Su nombre, junto con su obra, empezó a
brillar en una galería exclusiva que ha
extendido su proyección para darlo a
conocer internacionalmente.
Los vericuentos de la fama son
intrincados. Rodolfo entró en ellos in
perjuicios, estoy segura que todavía le
asombran pero él responde a las
dificultades para vencerlos con trabajo,
trabajo y más trabajo y los resultados
también le dan satisfacciones íntimas y
ha crecido el fervor que siempre tuvo:
hacer por y para el pueblo algo que lo
trascienda más allá del dinero. Abrir su
casa y entregarla para la educación
artística de Ocotlán (teatro, música,
danza, Biblioteca) lejos muy lejos, eso
sí, del manejo oficial y de la
burocracia que desde siempre le produce
horror.
Quiero referirme a lo que parece un
incidente pero que fue revelador, para
mí, de la calidad humana de Rodolfo.
Hace treinta y tres años, viví una
dolorosa experiencia. En el Centro
médico estuvo internado mi esposo bajo
los estragos de una diabetes mortal
Rodolfo nos llevó su Radio Telefunke,
para que mi esposo tuviera una
distracción sabiendo que era músico y
sus visitas eran diarias. En una de
ellas me comunicó que Argelia, maestra
de Artes Plásticas de Honduras, era
recomendada por su amigo y colega Dante
Lanzarote, para lo que pudiera
ofrecérsele en el Hospital Infantil a su
pequeña hijita de cinco años víctima de
cáncer. Compartimos esa dolorosa
experiencia porque de antemano
instruimos que el caso era grave,
mortal. La madre confiaba en los médicos
mexicanos y la Virgen de Guadalupe,
apreciación emotiva, muy respetable
discrepábamos con Argelia, claro sin
decírselo, porque ese padecimiento no se
cura ni con la intervención del Coro de
las once mil vírgenes ni con la de
médicos mexicas.
El caso entristeció a toso, la niña
murió después de la operación del riñón
sumiéndonos en la tristeza y a la madre
en la desesperación. Los trámites para
sacar el cuerpecito se complicaron
porque Argelia sólo había pagado parte
del trabajo quirúrgico. Pidió ella el
dinero a su esposo, que era aviador de
la aeronáutica de su País, pero pasaron
días y el dinero no llegaba fue entonces
cuando Rodolfo sacó su cheque de sueldos
y yo pedí crédito a mis familiares para
cubrir la deuda. Argelia tuvo que
abandonar México porque su boleto se
vencía. Colocamos el cadáver de la
pequeña en la Agencia que le iba
trasladar días más tarde. Esto sucedía
en el mes de julio. Para cubrir el
adeudo contraído el dinero llegó a
México en los primeros meses del año
siguiente porque había sido girado vía
Nueva York.
Rodolfo
ha tenido dos pasiones; la pintura y su
pueblo
Su aparente seriedad es una máscara que
esconde un hombre que en la intimidad es
festivo y con gran sentido del humor. Es
un hombre silencioso, así parece, pero
es un hombre que no se expresa con la
palabra, lo hace con la pintura que es
su vaso comunicante con esencias
nacionalistas. En su pintura volca sus
raíces y habla con ellas a propios y
extraños. “Yo no conocía Ocotlán”, dice
la China Mendoza, en artículo reciente,
pero en la pintura de Morales veo a sus
mujeres, sus mercados, los perros
clásicos del pueblo…”
Cuando expuso en Cuernavaca, patrocinado
por Tamayo, me pidió faroles, 100
faroles típicos, para encender la
procesión y el ánimo de los
concurrentes. Arduo fue para mí
encontrar aquí en Oaxaca a los artesanos
que los hiciera pues era un oficia
cancelado. En el rastro por
reglamentación municipal, ya no vendían
las tripas de toro que es la materia
prima. Visité al Doctor Jorge Pérez
Guerrero, titular del Ayuntamiento y le
expuse el caso, compresivo accedió y
resucitó, por una sola vez, tan hermosa
artesanía agredida por la era del
plástico.
En 1987, una tarde de (?) enterramos a
Don Ángel en ese comentario de Ocotlán.
Rodolfo lloró por dentro, las lágrimas
estaban en sus poros, como en los jarros
y apaxtles de barro rojo de su pueblo.
Todo el tiempo que Rodolfo vivió en
México, en las calles Pacífico de
Coyoacán, alentó a su familia para que
sus sobrinos estudiaran y ofreció su
domicilio a Javier su hermano. Esta
convivencia no debe hacer sido fácil
para él como artística, pero sí mostró
el lado humano de su personalidad.
Al llegar al término de los años de
servicio, (¿?) Rodolfo pidió su
jubilación. Las artimañas burocráticas,
odiosas para él, acortaron su período de
trabajo para crearle dificultades y en
vista de que las mezquindades
administrativas de la Preparatoria
pretendían ganarle el pleito ya
entablado. El en un acto de valer se
decidió por la huelga de hambre. Fuerte
fue la reacción de este hecho y muy a su
favor de parte de sus alumnos y
compañeros maestros.
Rodolfo tenía en su haber como crédito
para su trayectoria laboral, el haber
pintado muchos antes un mural. Al
jubilarse Rodolfo con el tiempo
reconocido justamente quemó sus naves y
vino a residir a Ocotlán.
E N V I O
A ti que eres cumplido con la amistad y
conoces los ingredientes que la forman
va mi aplauso más por tu vida que por tu
fama, porque ésta no cambió tu manera de
ser y pensar.
Con mi saludo ciño tus sienes y te
entrego una palma, la que llevan los
mártires en el retablo de Tlacochahuaya,
mártir porque has sido incomprendido.
Que tu devoción por la patria chica
persista honrado a la grande y que sigas
siendo como el Ave María taladrade en el
hilo del rosario siempre el mismo para
tu vocación que es pintar y para
nosotros tus amigos en la amistad que es
guelaguetza; dar y recibir emoción y
dicha, gozo y ¿Por qué no? Locura.
Conocerte y tratarte Rodolfo ha sido
como caminar por la vía láctea
descubriendo lo inasible y fugaz, pero a
la vez enriquecedor para el espíritu.
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