Ejemplar Número: 35

Oaxaca de Juárez, Oax.

 Agosto 2006

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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               PINTOR DE CARNE Y HUESO... Rodolfo Morales no es un mito

El hombre cuya opinión nunca varía es semejante al agua estancada, y engendra reptiles en su mente- (William Blake)

Este cuadro es un Clauset, comentó el Ingeniero Víctor Bravo Ahuja, al mirar un Paisaje del Valle de México, rústicamente enmarcado. Al escucharlo el Ing. Norberto Aguirre se me quedó viendo para que afirmara o desmintiera tal aseveración, esto es lo que hice, diciéndole con cierto orgullo: es de Rodolfo Morales, pintor egresado de San Carlos, nativo de Ocotlán. Bravo Ahuja se acercó más y como queriendo justificar su aseveración dijo ¡tiene influencias! La escena ocurría en la sala de la casa de ustedes al iniciar su brevísimo período de gobernante el Ingeniero Bravo Ahuja. El cuadro llevaba en mi poder varios años que, junto con otros cuadros, formó la primera exposición que el artista realizó en esta Ciudad, en los últimos años de la década de los cincuenta, en la casona que el Lic. Eduardo Vasconcelos siendo gobernador, compró a la familia Rueda Magro para destinarla a Biblioteca del Estado, hoy Escuela de Arquitectura de la U.A.B.J.O.


Rodolfo desde esos lejanos años me dio mi amistad y este logro fue recíproco. En su taller, en el D.F. en varias ocasiones, teniendo como fondo cultural la muy amena conversación del Licenciado Gonzalo Hernández Sanabria, cenábamos típicos antojos. La promoción de su pintura la llevaba yo en la punta de la lengua y era el personaje que me daba caché ante los medios periodísticos en los que me movía cotidianamente; de esta propaganda resultó un efecto que parecía de toda la vida, sus padres, la maestra Rufina López y su papá Don Ángel, conjuntamente con su hermano Javier y su esposa Guille, los hijos de este matrimonio nos eran muy familiares, alternábamos con ellos aquí. En México lo hacía Rodolfo con mis parientes entre ellos Lucía, mi sobrina a la que regaló un bello cuadro titulado “Mercado de Animales”, Lucía era mi proyecto de una relación amistosa con Rodolfo. Ella estudiaba decoración pero era una muchacha introvertida y acercarse a un pintor con tanta sensibilidad y conocimientos lo hubiera abierto un horizonte diferente. Esta sincera y buena intención fracasó. Ella se fue a Europa, conoció a un poeta italiano, al regresar se casó por poder y enseguida se fue a radicar a Roma.


Por ese tiempo Rodolfo ya había realizado el mural en el Palacio Municipal de su pueblo, donde dejó plasmada parte de la historia de ocotlán, la fisonomía geográfica y las circunstancias cotidianas de sus gentes, en oficios y ocupaciones. El mural no fue ni ha sido valorado por el devenir político del municipio, sólo uno el señor—le dio la oportunidad de pintar el resto del Palacio Municipal usando en su totalidad los marcos y vidrios de las puertas, en este trabajo de Rodolfo ya se integran municipios y agencias que conforman el Distrito de Ocotlán.


Rodolfo entregó a su solar nativo las primicias de sus conocimientos en el primer mural y después la madurez de su arte, pero extrañamente los Munícipes, por razones que están a la vista, no han aprovechado como sucede, en otras partes, con sus artistas, el legado que Morales puso desinteresadamente en sus manos, para que lo administraran debidamente. Están en deuda con el pintor y pienso que, nosotros sus amigos de ayer y de ahora tenemos la obligación de promover y llevar a cabo un homenaje en el que aflore el reconocimiento popular. Es lo menos que merece por su generosidad.


En 1955 empezó a dar clases de dibujo en la Prepa Cinco, empleo docente que lo puso en contacto con gente muy joven y con otros artistas, permitiéndole adquirir, por medio de un préstamo a Pensiones, que me parece no pasó de cincuenta pesos, la casona solariega que perteneció a la familia Ortigoza que por cierto estaba en ruinas pero que fue reparando durante largos años, invirtiendo sus sueldos y, más tarde, todas sus entradas, cuando ya vendía sus cuadros a partir de la fecha en que conoció a Rufino Tamayo e hizo su primera Exposición en Cuernavaca, en las Campanas, siendo este acontecer el que dio el despegue artístico de Rodolfo para ser conocido en la capital primero donde su vida había trascendido a un grupo de amigos nuevos, amigos como Heles Cabrera y Felipe Orlando con los que trabó verdadera amistad y quienes lo invitaron a viajar por Inglaterra y Sudamérica, amigos que fueron para él los introductores a un mundo muy diferente al que estaba acostumbrado, personas con dinero y relaciones a los que dio su amistad como una presea amorosa ampliando para sí un círculo al que estuvo confinado, el pequeño grupo que conocía en Oaxaca: Juan Herrera, Juan Baigts, Edmundo Aquino, Aurea Virgen, Rodolfo Álvarez, Socorro Merlín y un grupo de actores.


Rufino Tamayo prodigó a Rodolfo el apoyo moral y la gran sombra de su genio. Rodolfo antes de conocerlo desdeñaba las Exposiciones, le parecían aparantosas innecesarias.- Tamayo modeló este criterio y le enseñó el camino de la fama, claro que sin su talento no la hubiera alcanzado a pesar de ese apoyo. Su nombre, junto con su obra, empezó a brillar en una galería exclusiva que ha extendido su proyección para darlo a conocer internacionalmente.
Los vericuentos de la fama son intrincados. Rodolfo entró en ellos in perjuicios, estoy segura que todavía le asombran pero él responde a las dificultades para vencerlos con trabajo, trabajo y más trabajo y los resultados también le dan satisfacciones íntimas y ha crecido el fervor que siempre tuvo: hacer por y para el pueblo algo que lo trascienda más allá del dinero. Abrir su casa y entregarla para la educación artística de Ocotlán (teatro, música, danza, Biblioteca) lejos muy lejos, eso sí, del manejo oficial y de la burocracia que desde siempre le produce horror.


Quiero referirme a lo que parece un incidente pero que fue revelador, para mí, de la calidad humana de Rodolfo. Hace treinta y tres años, viví una dolorosa experiencia. En el Centro médico estuvo internado mi esposo bajo los estragos de una diabetes mortal Rodolfo nos llevó su Radio Telefunke, para que mi esposo tuviera una distracción sabiendo que era músico y sus visitas eran diarias. En una de ellas me comunicó que Argelia, maestra de Artes Plásticas de Honduras, era recomendada por su amigo y colega Dante Lanzarote, para lo que pudiera ofrecérsele en el Hospital Infantil a su pequeña hijita de cinco años víctima de cáncer. Compartimos esa dolorosa experiencia porque de antemano instruimos que el caso era grave, mortal. La madre confiaba en los médicos mexicanos y la Virgen de Guadalupe, apreciación emotiva, muy respetable discrepábamos con Argelia, claro sin decírselo, porque ese padecimiento no se cura ni con la intervención del Coro de las once mil vírgenes ni con la de médicos mexicas.
El caso entristeció a toso, la niña murió después de la operación del riñón sumiéndonos en la tristeza y a la madre en la desesperación. Los trámites para sacar el cuerpecito se complicaron porque Argelia sólo había pagado parte del trabajo quirúrgico. Pidió ella el dinero a su esposo, que era aviador de la aeronáutica de su País, pero pasaron días y el dinero no llegaba fue entonces cuando Rodolfo sacó su cheque de sueldos y yo pedí crédito a mis familiares para cubrir la deuda. Argelia tuvo que abandonar México porque su boleto se vencía. Colocamos el cadáver de la pequeña en la Agencia que le iba trasladar días más tarde. Esto sucedía en el mes de julio. Para cubrir el adeudo contraído el dinero llegó a México en los primeros meses del año siguiente porque había sido girado vía Nueva York.


Rodolfo ha tenido dos pasiones; la pintura y su pueblo
Su aparente seriedad es una máscara que esconde un hombre que en la intimidad es festivo y con gran sentido del humor. Es un hombre silencioso, así parece, pero es un hombre que no se expresa con la palabra, lo hace con la pintura que es su vaso comunicante con esencias nacionalistas. En su pintura volca sus raíces y habla con ellas a propios y extraños. “Yo no conocía Ocotlán”, dice la China Mendoza, en artículo reciente, pero en la pintura de Morales veo a sus mujeres, sus mercados, los perros clásicos del pueblo…”


Cuando expuso en Cuernavaca, patrocinado por Tamayo, me pidió faroles, 100 faroles típicos, para encender la procesión y el ánimo de los concurrentes. Arduo fue para mí encontrar aquí en Oaxaca a los artesanos que los hiciera pues era un oficia cancelado. En el rastro por reglamentación municipal, ya no vendían las tripas de toro que es la materia prima. Visité al Doctor Jorge Pérez Guerrero, titular del Ayuntamiento y le expuse el caso, compresivo accedió y resucitó, por una sola vez, tan hermosa artesanía agredida por la era del plástico.
En 1987, una tarde de (?) enterramos a Don Ángel en ese comentario de Ocotlán. Rodolfo lloró por dentro, las lágrimas estaban en sus poros, como en los jarros y apaxtles de barro rojo de su pueblo.


Todo el tiempo que Rodolfo vivió en México, en las calles Pacífico de Coyoacán, alentó a su familia para que sus sobrinos estudiaran y ofreció su domicilio a Javier su hermano. Esta convivencia no debe hacer sido fácil para él como artística, pero sí mostró el lado humano de su personalidad.
Al llegar al término de los años de servicio, (¿?) Rodolfo pidió su jubilación. Las artimañas burocráticas, odiosas para él, acortaron su período de trabajo para crearle dificultades y en vista de que las mezquindades administrativas de la Preparatoria pretendían ganarle el pleito ya entablado. El en un acto de valer se decidió por la huelga de hambre. Fuerte fue la reacción de este hecho y muy a su favor de parte de sus alumnos y compañeros maestros.
Rodolfo tenía en su haber como crédito para su trayectoria laboral, el haber pintado muchos antes un mural. Al jubilarse Rodolfo con el tiempo reconocido justamente quemó sus naves y vino a residir a Ocotlán.


E N V I O
A ti que eres cumplido con la amistad y conoces los ingredientes que la forman va mi aplauso más por tu vida que por tu fama, porque ésta no cambió tu manera de ser y pensar.
Con mi saludo ciño tus sienes y te entrego una palma, la que llevan los mártires en el retablo de Tlacochahuaya, mártir porque has sido incomprendido. Que tu devoción por la patria chica persista honrado a la grande y que sigas siendo como el Ave María taladrade en el hilo del rosario siempre el mismo para tu vocación que es pintar y para nosotros tus amigos en la amistad que es guelaguetza; dar y recibir emoción y dicha, gozo y ¿Por qué no? Locura.
Conocerte y tratarte Rodolfo ha sido como caminar por la vía láctea descubriendo lo inasible y fugaz, pero a la vez enriquecedor para el espíritu.
 

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.