Ejemplar Número: 35

Oaxaca de Juárez, Oax.

 Agosto 2006

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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               Anécdotas de la inolvidable Escuela de Comercio 1961

iempre tienes razón, si crees que puedes, puedes, y si crees que no puedes, no puedes. De cualquier manera tienes razón- (Henry Ford)

Nos emocionan los recuerdos de la adolescencia que, como estudiantes de Comercio, vivimos en el Edificio Central de la Universidad “Benito Juárez” de Oaxaca –esquina de Av. Independencia y Alcalá– en la inolvidable Escuela de Comercio; excelente escuela, tanto por la calidad de sus maestros, como la de sus alumnos y personal administrativo; escuela mixta de nivel medio superior en la que no había discriminación, ni élite de algún tipo; el mismo edificio albergaba a la Escuela de Leyes y era el lugar de reunión de todos los estudiantes de la Universidad: Comercio, Leyes, Medicina, Enfermería, Ciencias Químicas, Arquitectura, Preparatoria y Bellas Artes; conocías a todos y todos te conocían, desde los de nuevo ingreso hasta quienes estaban egresando; son evocaciones vividas en el Edificio Central por estudiantes de 12 años al ingresar a primero y 20 al terminar la carrera de Contador Público y Auditor; eran los años 60´s., la época del Rock; los actos que se celebraban en El Paraninfo, en la Sala de Proyecciones y en el Gimnasio, eran parte de la vida estudiantil y participaban todos los alumnos de la Universidad.


El plan de estudios era anual; los exámenes eran individuales, orales y prácticos, especialmente, versaban sobre todo lo que se había visto en el año –bien visto–, es decir: todo el libro de texto; todo contenido en un índice que llamábamos temario.
Exponías ante un jurado –compuesto por un presidente, un secretario y un sinodal–; tres temas sacados al azar de una copa de madera que contenía bombochas de madera numeradas cada una con un tema; te llamaban al examen sonando una campanita metálica, mencionaban tu nombre, te persignabas en la puerta y entrabas.
Los exámenes eran en el mes de noviembre pasando los muertos y te daban vacaciones un mes antes para preparar exámenes; en el día buscabas lugares tranquilos y sin ruido y en las noches lugares públicos bien iluminados para estudiar; a este periodo lo llamábamos “las preparadas”.
Ya en exámenes, si había dos grupos, como era el caso de Álgebra, el maestro del “a” reprobaba, generalmente, a todos los alumnos del “b” y en reciprocidad este reprobaba a todos los del “a”; así es que para pasar había dos posibilidades: o eras un estudiante brillante o de plano tenías mucha suerte para sacar los únicos temas que habías estudiado.
Los alumnos en un principio asistían a clase de saco y corbata, después sin saco pero con corbata y finalmente ni saco ni corbata.


En algún rincón de la memoria guardamos recuerdos de momentos vividos en el Edificio Central y revivirlos es para reírse con ganas; guarda fantasmas que por asociación salen nuevamente a la luz para rejuvenecerse y acrecentarse; estos que ahora desfilan para ustedes son nuestros recuerdos, los nuestros; los que vivimos, los que guardamos; los que nadie nos puede quitar. Por supuesto que crecimos y maduramos y los recuerdos son eso: recuerdos.
Cada quien tiene su memoria y cada quien vive su vida, su momento; pero para conocernos a nosotros mismos, para saber quiénes somos y de dónde vinimos, podemos crear una base de anécdotas vividas en el Edificio Central para compartirla con nuestros condiscípulos para retroalimentarnos.


Demostradito
Al maestro de Matemáticas II le decíamos demostradito porque al terminar de hacer la demostración de un teorema anotaba de manera abreviada “con lo cual quedó demostrado” ccqd. ; Ingeniero Civil; autodidacto; había trabajado en minas ricas en oro, plata y otros metales; según contaba, había aprendido alemán él solo; siempre de traje azul claro, con sombrero marrón de ala angosta; de unos 70 años de edad; era un excelente maestro y un ser humano extraordinario; Dn. Eugenio Sotomayor se quedó con nosotros para siempre.
Amigos y compañeros sacuden a personajes dormidos para que despierten; como el de El Dormilón, como cariñosamente le decíamos a un compañero que trabajaba de velador en una gasolinera, y por esta razón, en la clase de Álgebra, con Demostradito, se quedaba profundamente dormido; ¡despiértalo! decía Demostradito mirando por encima de sus lentes y señalándolo con el índice tembloroso ¡pero con cuidado, verdad mi hermano! y nunca faltaron los acomedidos que se abalanzaban sobre el pobre Dormilón para despertarlo con un coscorrón y cuando estaba de suerte, que era la mayoría de la veces, le tocaban dos o tres simultáneamente.
 

¡Flojonote! ¡Te espero en el coche!
Por la estela de perfume sabía uno que había pasado el maestro de Álgebra; era el más elegantemente vestido; traje, zapatos, cinturón, correa del reloj, calcetines, corbata y en temporada de frío guantes de piel; todo del mismo color; nunca repetía un traje en la semana.
“Me imagino que se acuerdan del Lic. Garcés, de Matemáticas II –Álgebra– , grupo A; que tenía como consentido, al buen amigo Eduardo; durante la clase caminaba hasta situarse detrás de él y tiernamente empezaba a acariciarlo en la cara, el pelo y así se la pasaba gran parte de la hora de clase; hasta la fecha Eduardo jura, besando la cruz, que esto no le gustaba y que consentía para que no le pidieran la clase y todos sabemos que así fue realmente; de broma le decíamos a Eduardo, ¡Ah! con que con el maestro, no Eduardo; era tanta la burla que le hacíamos al pato, que un buen día decidió no sentarse en el lugar dónde siempre lo hacía, que era en el centro del salón; el licenciado Garcés, como era su costumbre, sin perder de vista el pizarrón y exponiendo la clase, se encaminó hacía el lugar donde se sentaba su favorito; se paró, como siempre lo hacía, detrás de él, y como siempre lo hacía, empezó a acariciarlo, a tocarle el cabello, la cara; pero su mano sintió algo diferente; el compañero que había ocupado el lugar de Eduardo era lampiño o al menos así lo dejó sentir el maestro Garcés, pues volteó y vio con sorpresa que no era su alumno consentido y con un ademán rechazó al sustituto; nosotros nos moríamos de risa y no les miento, en todo el salón se oía: ja ja ja ja ja ja.
Al ver este desaire, el licenciado Garcés buscó con la mirada a Eduardo y al encontrarlo le dijo: ¡A ver flojonote, pasa al pizarrón! y lo exhibió ante todos como un pésimo alumno; al final de la clase, cuenta Mauro –El Burro– que el licenciado le jaló la oreja a Eduardo y le dijo: ¡flojonote! ¡Te espero en el coche!; tal vez lo de ¡flojonote! no sea cierto, pero lo que si es cierto es que esta es una anécdota clásica; también es cierto que Eduardo jamás se volvió a sentar en otro lugar que no fuera en dónde siempre lo hacía”.
 

La Samaritana con Casilda
La Samaritana ¡huy! la tarde de Samaritana con las aguas de Casilda en el Patio Central; gracias a la Federación Estudiantil Oaxaqueña, FEO, año con año, Doña Casilda venía a obsequiar, a sus amigos estudiantes, las aguas de Samaritana; en la tarde tocaban Los Bethoveens o El Grupho, o los dos y bailábamos Rock and Roll como poseídos o Twist o el Bule Bule o muertos de risa, en círculo, echándole porra a Baroja –Chuby Chequer– que bailando se doblaba para atrás hasta casi tocar el piso, mejor dicho si lo tocaba, primero con una mano y luego con la otra, ese era el chiste; nunca vi bailar a Chuby Chequer, pero el recuerdo de Baroja bailando es inolvidable; más entrada la tarde, tocaban melodías lentas para bailar pegadito, con las compañeras que muy ilusionadas esperaban escuchar la primera declaración de amor formal.


El alumno maestro
Siendo estudiante del último año de la Carrera, el CPA. Carlos Cavero Hernández impartió la clase de Matemáticas I –Aritmética–, materia que ganó por oposición; ésta la hacía un alumno que deseaba impartir una materia ante dos maestros que también la pretendían; en este caso era una vacante que había dejado el Lic. Jorge Zárate Mijangos; se hacía la exposición ante los alumnos como en una clase normal; en la parte de atrás del salón se colocaba los cuatro miembros del jurado –uno de ellos fue el Ing. Eugenio Sotomayor– y estuvo presente el Director del Instituto, Jorge Pérez Guerrero; el tema: fracciones comunes; la terna y el orden de exposición fue el siguiente: 1º.- Lic. Rafael Baltazar Castellanos, 2º.- Lic. Mario Vallejo y 3º.- Alumno Carlos Cavero; el resultado lo dieron al día siguiente y fue a favor de Carlos Cavero.


Las primeras tres generaciones
1ª. Generación, José Luís Esperón, Estela Pérez Jiménez, Viloria (mujer).
2ª. Generación Lauro Arias Pérez, Sócrates Manzo Méndez, Eliuth Cruz, Rodolfo Vila y Albino Vázquez Reyes.
3ª.- Armando Jiménez Ruiz, Leopoldo Girón Cruz, Gloria Méndez León, La Biche Pombo, Eduardo Ramírez Soto, Miguel Mendoza Zavaleta y Leonardo González Pérez.


La ultima generación o generación de oro
El plan de estudios de ocho años empezó a desaparecer en 1960 con la generación 60– 67 llamada La Generación de Oro, es decir: la mía, fue integrada por: Rafael Medina Guzmán, Jorge Silva López, María Eugenia Morales Medina, Elba Pacheco, Estanislao Camiro Navarro, Genaro Villanueva Hernández, Esvi Carrasquedo López, Francisca Villalobos Sáinz, Pedro Huerta Hernández, Manuel Vallejo Huergo, Francisco Morales Miguel, Donaciano Reyes Vera, Rolando Rojas Calvo, Guillermo Palacios Cancino, Mario Martínez Montero, Alfredo Robles Zárate, Alfredo Pineda y Gerardo F. Castellanos Bolaños.
Un hombre se afanaba por escalar una montaña. /Miró a su alrededor y vio a otros que también subían/ por caminos distintos, incluso/ por distintas direcciones. / “¡Locos!”, pensó, “suben por el/ camino equivocado.” / El hombre siguió su ascensión hasta que/ años después, alcanzó la cima/ (era una montaña muy alta). / Y entonces vio/ a aquellos otros locos. / También ellos estaban en la cima de la montaña.


Si saben adónde van, ya encontrarán el camino o los caminos.
castilan1o@yahoo.com

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.