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Nos
emocionan los recuerdos de la
adolescencia que, como estudiantes de
Comercio, vivimos en el Edificio Central
de la Universidad “Benito Juárez” de
Oaxaca –esquina de Av. Independencia y
Alcalá– en la inolvidable Escuela de
Comercio; excelente escuela, tanto por
la calidad de sus maestros, como la de
sus alumnos y personal administrativo;
escuela mixta de nivel medio superior en
la que no había discriminación, ni élite
de algún tipo; el mismo edificio
albergaba a la Escuela de Leyes y era el
lugar de reunión de todos los
estudiantes de la Universidad: Comercio,
Leyes, Medicina, Enfermería, Ciencias
Químicas, Arquitectura, Preparatoria y
Bellas Artes; conocías a todos y todos
te conocían, desde los de nuevo ingreso
hasta quienes estaban egresando; son
evocaciones vividas en el Edificio
Central por estudiantes de 12 años al
ingresar a primero y 20 al terminar la
carrera de Contador Público y Auditor;
eran los años 60´s., la época del Rock;
los actos que se celebraban en El
Paraninfo, en la Sala de Proyecciones y
en el Gimnasio, eran parte de la vida
estudiantil y participaban todos los
alumnos de la Universidad.
El
plan de estudios era anual; los exámenes
eran individuales, orales y prácticos,
especialmente, versaban sobre todo lo
que se había visto en el año –bien
visto–, es decir: todo el libro de
texto; todo contenido en un índice que
llamábamos temario.
Exponías ante un jurado –compuesto por
un presidente, un secretario y un
sinodal–; tres temas sacados al azar de
una copa de madera que contenía
bombochas de madera numeradas cada una
con un tema; te llamaban al examen
sonando una campanita metálica,
mencionaban tu nombre, te persignabas en
la puerta y entrabas.
Los exámenes eran en el mes de noviembre
pasando los muertos y te daban
vacaciones un mes antes para preparar
exámenes; en el día buscabas lugares
tranquilos y sin ruido y en las noches
lugares públicos bien iluminados para
estudiar; a este periodo lo llamábamos
“las preparadas”.
Ya en exámenes, si había dos grupos,
como era el caso de Álgebra, el maestro
del “a” reprobaba, generalmente, a todos
los alumnos del “b” y en reciprocidad
este reprobaba a todos los del “a”; así
es que para pasar había dos
posibilidades: o eras un estudiante
brillante o de plano tenías mucha suerte
para sacar los únicos temas que habías
estudiado.
Los alumnos en un principio asistían a
clase de saco y corbata, después sin
saco pero con corbata y finalmente ni
saco ni corbata.
En algún rincón de la memoria guardamos
recuerdos de momentos vividos en el
Edificio Central y revivirlos es para
reírse con ganas; guarda fantasmas que
por asociación salen nuevamente a la luz
para rejuvenecerse y acrecentarse; estos
que ahora desfilan para ustedes son
nuestros recuerdos, los nuestros; los
que vivimos, los que guardamos; los que
nadie nos puede quitar. Por supuesto que
crecimos y maduramos y los recuerdos son
eso: recuerdos.
Cada quien tiene su memoria y cada quien
vive su vida, su momento; pero para
conocernos a nosotros mismos, para saber
quiénes somos y de dónde vinimos,
podemos crear una base de anécdotas
vividas en el Edificio Central para
compartirla con nuestros condiscípulos
para retroalimentarnos.
Demostradito
Al maestro de Matemáticas II le
decíamos demostradito porque al terminar
de hacer la demostración de un teorema
anotaba de manera abreviada “con lo cual
quedó demostrado” ccqd. ; Ingeniero
Civil; autodidacto; había trabajado en
minas ricas en oro, plata y otros
metales; según contaba, había aprendido
alemán él solo; siempre de traje azul
claro, con sombrero marrón de ala
angosta; de unos 70 años de edad; era un
excelente maestro y un ser humano
extraordinario; Dn. Eugenio Sotomayor se
quedó con nosotros para siempre.
Amigos y compañeros sacuden a personajes
dormidos para que despierten; como el de
El Dormilón, como cariñosamente le
decíamos a un compañero que trabajaba de
velador en una gasolinera, y por esta
razón, en la clase de Álgebra, con
Demostradito, se quedaba profundamente
dormido; ¡despiértalo! decía
Demostradito mirando por encima de sus
lentes y señalándolo con el índice
tembloroso ¡pero con cuidado, verdad mi
hermano! y nunca faltaron los acomedidos
que se abalanzaban sobre el pobre
Dormilón para despertarlo con un
coscorrón y cuando estaba de suerte, que
era la mayoría de la veces, le tocaban
dos o tres simultáneamente.
¡Flojonote!
¡Te espero en el coche!
Por la estela de perfume sabía uno
que había pasado el maestro de Álgebra;
era el más elegantemente vestido; traje,
zapatos, cinturón, correa del reloj,
calcetines, corbata y en temporada de
frío guantes de piel; todo del mismo
color; nunca repetía un traje en la
semana.
“Me imagino que se acuerdan del Lic.
Garcés, de Matemáticas II –Álgebra– ,
grupo A; que tenía como consentido, al
buen amigo Eduardo; durante la clase
caminaba hasta situarse detrás de él y
tiernamente empezaba a acariciarlo en la
cara, el pelo y así se la pasaba gran
parte de la hora de clase; hasta la
fecha Eduardo jura, besando la cruz, que
esto no le gustaba y que consentía para
que no le pidieran la clase y todos
sabemos que así fue realmente; de broma
le decíamos a Eduardo, ¡Ah! con que con
el maestro, no Eduardo; era tanta la
burla que le hacíamos al pato, que un
buen día decidió no sentarse en el lugar
dónde siempre lo hacía, que era en el
centro del salón; el licenciado Garcés,
como era su costumbre, sin perder de
vista el pizarrón y exponiendo la clase,
se encaminó hacía el lugar donde se
sentaba su favorito; se paró, como
siempre lo hacía, detrás de él, y como
siempre lo hacía, empezó a acariciarlo,
a tocarle el cabello, la cara; pero su
mano sintió algo diferente; el compañero
que había ocupado el lugar de Eduardo
era lampiño o al menos así lo dejó
sentir el maestro Garcés, pues volteó y
vio con sorpresa que no era su alumno
consentido y con un ademán rechazó al
sustituto; nosotros nos moríamos de risa
y no les miento, en todo el salón se
oía: ja ja ja ja ja ja.
Al ver este desaire, el licenciado
Garcés buscó con la mirada a Eduardo y
al encontrarlo le dijo: ¡A ver flojonote,
pasa al pizarrón! y lo exhibió ante
todos como un pésimo alumno; al final de
la clase, cuenta Mauro –El Burro– que el
licenciado le jaló la oreja a Eduardo y
le dijo: ¡flojonote! ¡Te espero en el
coche!; tal vez lo de ¡flojonote! no sea
cierto, pero lo que si es cierto es que
esta es una anécdota clásica; también es
cierto que Eduardo jamás se volvió a
sentar en otro lugar que no fuera en
dónde siempre lo hacía”.
La
Samaritana con Casilda
La Samaritana ¡huy! la tarde de
Samaritana con las aguas de Casilda en
el Patio Central; gracias a la
Federación Estudiantil Oaxaqueña, FEO,
año con año, Doña Casilda venía a
obsequiar, a sus amigos estudiantes, las
aguas de Samaritana; en la tarde tocaban
Los Bethoveens o El Grupho, o los dos y
bailábamos Rock and Roll como poseídos o
Twist o el Bule Bule o muertos de risa,
en círculo, echándole porra a Baroja –Chuby
Chequer– que bailando se doblaba para
atrás hasta casi tocar el piso, mejor
dicho si lo tocaba, primero con una mano
y luego con la otra, ese era el chiste;
nunca vi bailar a Chuby Chequer, pero el
recuerdo de Baroja bailando es
inolvidable; más entrada la tarde,
tocaban melodías lentas para bailar
pegadito, con las compañeras que muy
ilusionadas esperaban escuchar la
primera declaración de amor formal.
El alumno maestro
Siendo estudiante del último año de
la Carrera, el CPA. Carlos Cavero
Hernández impartió la clase de
Matemáticas I –Aritmética–, materia que
ganó por oposición; ésta la hacía un
alumno que deseaba impartir una materia
ante dos maestros que también la
pretendían; en este caso era una vacante
que había dejado el Lic. Jorge Zárate
Mijangos; se hacía la exposición ante
los alumnos como en una clase normal; en
la parte de atrás del salón se colocaba
los cuatro miembros del jurado –uno de
ellos fue el Ing. Eugenio Sotomayor– y
estuvo presente el Director del
Instituto, Jorge Pérez Guerrero; el
tema: fracciones comunes; la terna y el
orden de exposición fue el siguiente:
1º.- Lic. Rafael Baltazar Castellanos,
2º.- Lic. Mario Vallejo y 3º.- Alumno
Carlos Cavero; el resultado lo dieron al
día siguiente y fue a favor de Carlos
Cavero.
Las primeras tres generaciones
1ª. Generación, José Luís Esperón,
Estela Pérez Jiménez, Viloria (mujer).
2ª. Generación Lauro Arias Pérez,
Sócrates Manzo Méndez, Eliuth Cruz,
Rodolfo Vila y Albino Vázquez Reyes.
3ª.- Armando Jiménez Ruiz, Leopoldo
Girón Cruz, Gloria Méndez León, La Biche
Pombo, Eduardo Ramírez Soto, Miguel
Mendoza Zavaleta y Leonardo González
Pérez.
La
ultima generación o generación de oro
El plan de estudios de ocho años
empezó a desaparecer en 1960 con la
generación 60– 67 llamada La Generación
de Oro, es decir: la mía, fue integrada
por: Rafael Medina Guzmán, Jorge Silva
López, María Eugenia Morales Medina,
Elba Pacheco, Estanislao Camiro Navarro,
Genaro Villanueva Hernández, Esvi
Carrasquedo López, Francisca Villalobos
Sáinz, Pedro Huerta Hernández, Manuel
Vallejo Huergo, Francisco Morales
Miguel, Donaciano Reyes Vera, Rolando
Rojas Calvo, Guillermo Palacios Cancino,
Mario Martínez Montero, Alfredo Robles
Zárate, Alfredo Pineda y Gerardo F.
Castellanos Bolaños.
Un hombre se afanaba por escalar una
montaña. /Miró a su alrededor y vio a
otros que también subían/ por caminos
distintos, incluso/ por distintas
direcciones. / “¡Locos!”, pensó, “suben
por el/ camino equivocado.” / El hombre
siguió su ascensión hasta que/ años
después, alcanzó la cima/ (era una
montaña muy alta). / Y entonces vio/ a
aquellos otros locos. / También ellos
estaban en la cima de la montaña.
Si saben adónde van, ya encontrarán el
camino o los caminos.
castilan1o@yahoo.com |