Ejemplar Número: 35

Oaxaca de Juárez, Oax.

 Agosto 2006

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

.
.
 . Núm. Anteriores
< Nosotros
  Contáctenos
 . Directorio
.
.
  Bienvenidos a Oax.
  Sitios Turísticos
  Cosas de la Vida
  La ruta Dominica
.. Gerardo Castellanos
  Guillermo García Manzano
.. Joel Gálvez Vivar
  Arcelia Yañíz
 
 
.
 
 

 
              La vida es una historieta…

El triunfo no está en vencer siempre, sino en nunca desanimarse» (Napoleón Bonaparte)

Hubo una época en que todos, grandes y chicos, cultos o ignorantes, estudiosos o alérgicos a los libros, ancianos o adolescentes, solteros o casados, hombres o mujeres, políticos o apolíticos, en todos, afloraba la sonrisa con un generalizado gozo, y también entrábamos en reflexión, cuando religiosamente leíamos “Los Supermachos” de Ríus, y más tarde “Los Agachados” del mismo autor. Después de devorar con avidez estas irónicas revistas cómicas “de muñequitos” como antes decíamos, se sucedían los comentarios, los chistes y hasta los chismes que todo mundo practicaba en el aula, en la oficina, en los pasillos de palacios gubernamentales, en los lobbies de los cines Alcalá, Mitla, Reforma, Oaxaca, Río y Cinelandia, o también en las mesitas de las cafeterías o bares del centro de la ciudad.
A las personas que caían en alguna momentánea caracterización de cualesquiera de los personajes de estos mexicanísimos “comics”, inmediatamente los bautizamos, ya sea como “doña Eme”, por lo persignada y libidinosa; o “Calzontzin”, por filosofar populacheramente de manera aprovechada y vulgar; o por “el curita”, por mejor no digo qué; por “don Perpetuo del Rosal”, título por demás “muy honroso”, aplicado a cualquier político de pacotilla, vividor eterno subordinado al sistema al que Vargas Llosa llamara “la dictadura perfecta”; y también le decíamos “Chón Prieto” al estereotipo del mexicano irresponsable, flojo y transa, que nunca dejaba pasar de lado el pulque, la cerveza o el aguardiente, bebidas espirituosas que le tenían permanentemente inflamado el estómago; en fin, la lista sería larga, pero nos la sabíamos completita y la aplicábamos al puro pelo.


En medio de todos estos tipos, prototipos, arquetipos y estereotipos, Ríus desarrollaba siempre un tema universal de gran trascendencia cultural o política; y lo hacía con toda la intención manifiesta de concientizar a un pueblo poco dado a la lectura seria, a la contemplación y al análisis; sobre todo cuando se trataba de exhibir sus propios problemas cotidianos, fueran éstos los más graves o los más simples, pero al fin y al cabo, problemas que daban la sensación que al sufrido pueblo nuestro ya no le importaban y que, por otro lado, venían siendo aprovechados ventajosamente desde las más altas esferas del gobierno, hasta la tierra de los eternos intereses económicos, políticos y religiosos. Para Ríus, a diferencia de “Juan Pueblo”, todas estas situaciones sociales no se quedaban marcadas en la incuria, el importa-poquismo o la pereza natural de la sociedad.
Ríus fue un genio en la caricatura que supo asesorarse de buenos pensadores y analistas para acceder fácilmente al gran grueso de la población, con temas complicados. Pero aún cuando todo se señalaba con izquierdosa intención, el autor nunca perdió de vista que había de venir prontamente un México más plural, del cual y para entonces, ya se daban claros indicios, pues en la lectura de la sociedad, esta heterogeneidad era consustancial a su naturaleza y a su trágica historia.


Mucha gente se politizó más con “Los Supermachos” y “Los Agachados”, que con los complicados conceptos de Marx, Engels, Mao Tse Tung, Trosky o cien mil teóricos más de la revolución socialista. Ríus presentó a sus personajes no solo para criticar lo establecido, como es el caso del comerciante “Trouyet”, o de los esbirros del sistema “Lechuzo” y el pequeño Hitler “Arsenio” o el avaro español “Don Fiacro” o el intrigoso “Mr. Gordon”, el “Bedollo”, lambiscón y genuino representante de un partido político de prácticas inenarrables y vergonzantes; también lo hizo con breves cápsulas de política y de concientización social, para adoctrinar; cápsulas que eran narradas por el profesor “Gumaro” o por el simpático representante de la raza de bronce, “Nopaltzin”, de “Los Agachados”, o reseñadas por el doctor-boticario de chaleco permanente, o por el mismísimo “Calzontzin” de los “Supermachos”.
Toda esa politización tuvo sus efectos a largo plazo. Lo que a finales de los años sesenta y en los setenta del siglo XX, fuera un persistente trabajo de abeja y hormiga en la política, hizo gran mella en los años noventa de la misma centuria, cuando se resquebrajaron las estructuras que tanto atacó Ríus, secundado por sus “secuaces”. Obviamente no pretendemos decir que este gran caricaturista fue factor determinante para el cambio de mentalidad en México, pero sin lugar a dudas contribuyó a ello.


¿Acaso las prácticas políticas exhibidas e ironizadas por Ríus han cambiado? ¡Yo pienso que no!. Lo que se caricaturizaba con Ríus, hoy día no necesita ser representado cómicamente.


Por eso, cuando observamos los actuales procesos electorales de pretendidos objetivos democráticos y cuyos protagonistas de siempre, aún con diferentes colores, partidos y sabores, los convierten en electoreros, llegamos a la conclusión de que no cambiamos, de que no queremos cambiar, de que no podemos cambiar. Estamos como hace cuarenta años y más, en el fácil caminito de la grillezca descalificación, del engaño, de la cínica mentira y de la eterna promesa incumplida; estamos en el vacío casi absoluto de la solvencia moral, de la dignidad institucional y de la probidad. Bueno, pero regresando a Ríus… TODO PARECIDO CON LA REALIDAD, ES MERA COINCIDENCIA. O Usted…¿Qué opina?

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.