|
SAN
JOSÉ AYUQUILA, HUAJ., Oax.- La mixteca
oaxaqueña es considerada como una de las
de mayor carencia y pobreza, sin
embargo, cuenta con su propia esencia,
encierra un misterio propio y exhibe una
naturaleza de inigualable belleza y
hermosura. Uno de estos sitios es José
Ayuquila, que cuenta con sus encantos
naturales como es la gigantesca “Peña
del águila”, por su enorme luminosidad
que es vista a muchos kilómetros de
distancia, y de acuerdo con la versión
de los moradores, fue aposento de la
raza antigua. Esto lo aseguran porque se
encuentra rasgos y vestigios históricos.
Además cuenta esta cabecera municipal
con un precioso templo, en cuyo interior
se encuentra la sagrada imagen del Santo
Niño de Atocha que los Ayuquilenses
veneran porque profesan mayoritariamente
la fé católica. Justo es no dejar en el
olvido este legado histórico que posee
San José Ayuquila, así como otros hechos
históricos dignos de valorar, recordar y
preservar, para el efecto de seguir
luchando contra la adversidad del
tiempo.
Los nativos aseguran que San José
Ayuquila es una contracción de
Ayoxochiquilla —que significa donde
abundan los quelites o hierbas
comestibles de flor de calabaza—,
palabra compuesta de Ayotli-calabaza;
Xochitl-flor; quilitl-quelite y de la
variante de tla-abundancia; por otro
lado se le conoce como lugar de
legumbres y calabazas.
En mixteco significa “cerro del águila”.
Su nombre religioso es San José. Por
tradición se sabe que fue fundado por un
grupo de pastores en terrenos que eran
del cacique Gorospe, Presidente de
Puebla y en el año de 1825 fue elevado a
la categoría de pueblo. El 6 mayo de
1826 se le otorga la categoría de
Municipio Libre y Soberano. Entre los
lugares dignos de conocer en esta
comunidad está el cerro de la peña del
cual se sabe que fue sede de
asentamientos prehispánicos. Eso podría
ser comprobado pues a la fecha se han
encontrado vestigios de civilización y
donde además se dio una batalla campal
entre carrancistas y zapatistas, dejando
a cientos de muertos entre ambos grupos.
Según
cuenta Leobardo Ríos Cortés, oriundo de
esta comunidad, corría el año de 1916
cuando tropas zapatistas encabezados por
Gilberto Villa Gómez llegaron al Cerro
de la Peña. Con sus tropas, se
parapetaron y construyeron un “fuerte”
en este lugar, que duró varios años
donde se planeaban estrategias para
derrocar al gobierno de Carranza.
El mixteco relata: “Era un día como
todos. Los zapatistas continuaban
guardando su fuerte bien parapetados,
cuando 14 de marzo de 1916, cuando a las
7 de la mañana cientos de soldados
carrancistas bien pertrechados,
arribaron al lugar y atacaron al
ejército Zapatista, que comandaba el
general Villagómez, dándose un fuerte
enfrentamiento. En ambos bandos hubo
cientos de soldados y rebeldes heridos,
cayendo muerto el propio general
Villagómez”.
Ríos Cortés, visiblemente emocionado al
recordar la historia, sostiene que “fue
una matazón a sangre fría. Los soldados
carrancistas hasta dieron el tiro de
gracia a los rebeldes y los estruendos
de los fusiles parecían truenos del
cielo. Nadie creía, nadie opinaba,
puesto que se temía de que se les
considerara como Zapatistas, o sea
rebelde en contra de Venustiano
Carranza. Allí mismo se dieron algunos
entierros a un lado de la peña y por lo
que respecta al general Gilberto
Villagómez, fue enterrado con todos los
Honores, en el atrio de la iglesia de
san José Ayuquila”.
EL ASPECTO RELIGIOSO
San José Ayuquila cuenta con una Iglesia
con más de 200 años de antigüedad. No se
tienen datos históricos de los primeros
cimientos, pero se sabe que cada año
este municipio es centro de atracción de
miles de personas católicas que se dan
cita para venerar al santo patrón que
según los creyentes “ha sido muy
milagroso”.
No importan las distancias que haya que
recorrer para llegar a Ayuquila, ni las
inclemencias del tiempo, lo único que
importa para miles de peregrinos
procedentes de diversos puntos de la
república, es demostrar su fe al Santo
Niño de Atocha imagen que “apareció hace
más de un siglo”, según se dice aquí.
La leyenda indica que el Niño de Atocha
se apareció a un nativo en el cerro
llamado el «Mogote del Santo Niño».
Luego de varias apariciones, el nativo
recapacita y toma la decisión de pedir
limosnas en diferentes comunidades para
que se le construyera una capilla. A su
paso por decenas de comunidades, la
imagen realizó cientos de milagros, como
en Xochilhuahuitlán, Guerrero, donde
decenas de pobladores padecían de la
fiebre Tifoidea, pero a la llegada del
Santo Niño de Atocha la enfermedad
desapareció, creándose una gran fe entre
sus habitantes. Por eso, hasta hoy en
día, visitan al milagroso Niño de Atocha
en su Santuario en San José Ayuquila.
Ante estos hechos que ocurrieron hace
más de cien años, la comunidad de San
José Ayuquila decidió construirle una
capilla, hasta donde llegan miles de
peregrinos provenientes de Petlalcingo,
Xochihuahuitlán, Acatlán, Izucar de
Matamoros, Tierra Colorada, Rancho
Limón, Texcalapa, Amazaco, Huajuapan,
entre otras partes.
Vienen a dar su agradecimiento a la
noble imagen. Desde el cuatro de enero,
arriban diferentes hermandades, quienes
ofrecen sus cantos de alabanza y una
misa de acción de gracias, que termina
con la presentación los bailes
tradicionales de sus regiones y la quema
de juegos pirotécnicos.
Durante
la fiesta no podía faltar la gran
atención que reciben los miles de
visitantes, los cuales son invitados a
saborear el tradicional mole rojo, el
chilate, el mole verde, el pipián,
platillos que son elaborados por la
misma gente del pueblo.
Cabe destacar que no existen datos
exactos de la aparición de la imagen,
solamente se escuchan las versiones de
diferentes nativos de San José Ayuquila,
quienes como devotos del Niño, sólo
piden que la armonía y la paz siempre
esté con ellos por lo que el ultimo día
de la fiesta se lleva a cabo una larga
procesión se realiza por las principales
calles de la población, esto con la
finalidad de que todos los fieles tengan
un acercamiento al Santo Milagroso.
Finalmente la autoridad municipal, que
encabeza Moisés Cariño Ríos dijo que es
muy bonito conocer la historia de esta
comunidad que con el paso del tiempo se
ha ido borrando en la memoria de los
habitantes, pero cada vez que miran y
contemplan el cerro de la Peña del
Águila, se acuerdan de la batalla campal
y que además poco a poco se siguen
rescatando algunos vestigios de este
lugar del cual se encuentran en la
presidencia para sus resguardo y
conservación. Tanto el presidente
municipal como su Cabildo son fervientes
guardianes de que la tradición sea
cumplida estrictamente, porque esa es la
esencia cultural de esta comunidad.
|