Ejemplar Número: 38

Oaxaca de Juárez, Oax.

 Noviembre 2006

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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              HISTORIA DE OAXACA, SEGÚN GAY

Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él: Inmanuel Kant

Siempre nos hemos levantado de las tragedias 

La discordia es un elemento disolvente que a toda costa debe sofocarse; ni puede llamarse gobernante quien no sabe conservar entre sus manos el buen precioso de la paz: Don Juan de Cervantes
 N. de la R.: En los momentos actuales, repasar la historia es indispensable para conocer la fortaleza de este grandioso pueblo. En esta ocasión hemos escogido parte de la historia narrada por José Antonio Gay, en la que se relatan sucesos interesantes.

Los jesuitas habían sufrido también grandes pérdidas a causa de los terremotos. Su templo había quedado en estado de ruina. En compensación, las limosnas de los fieles eran abundantísimas. Además la providencia parecía querer favorecer su fortuna: una terrible helada que destruyó los sembrados, quemando aun la menuda hierba y el zacatillo de la orilla de las sementeras, respetó, sin embargo, los cañaverales de los jesuitas, que con su crecido rendimiento pudieron dar cima a la obra de reparación que emprendieron. Tardaron en ella, sin embargo, tres años, pues hasta el de 1607 no pudieron dar por concluido el templo.

Estos sacerdotes disfrutaban, sin interrupción, el amor del pueblo y el favor de las autoridades, esforzándose cada día más por merecerlo con los trabajos propios de su instituto. Sucesivamente fueron rectores personas tan notables como Bernardino de Acosta, Francisco de Vera y Juan Sánchez.

Durante la permanencia del último en la ciudad, en 1611, se celebraron grandes fiestas con ocasión de haber sido canonizado San Ignacio de Loyola, teniendo parte en ellas no sólo el obispo y las órdenes regulares, sino el pueblo y el corregidor D. Cristóbal de Oñate, que tomó a su cargo los gastos que se hicieron en los públicos festejos.

Francisco de Vera fue separado de Oaxaca en 1613, y enviado por sus superiores en calidad de procurador de su provincia, a España y Roma. Antes había ido a Filipinas a la cabeza de una compañía de misioneros, y después estuvo algún tiempo en el Colegio de Guadiana. Finalmente parece que fue a morir a Oaxaca. Después de una larga y penosa enfermedad, al advertir que se acercaba el momento postrero de la vida, fijando la mirada en un Santo Cristo, exclamó: “Eternidad”, y expiró el 9 de noviembre de 1616. El 7 de octubre del año precedente, 1615, había muerto también en Oaxaca un virtuoso coadjutor, Juan Bautista Aldricio.

DON JUAN DE CERVANTES
Entretanto se habían sucedido tres obispos cuyos hechos referimos seguidamente. En el año mismo de la traslación del señor Covarrubias fue electo para sucederle D. Juan de Cervantes, entonces arcediano de la Catedral de México y gobernador de la Metrópoli.

Era hijo de D. Juan de Cervantes y de doña Luisa Lara, personas distinguidas y que pertenecían a los primeros conquistadores de la Nueva España. El primero contaba entre sus méritos el de haber pacificado a su costa las provincias de Pánuco y Huasteca, servicio que le fue agradecido por Carlos V en carta que le dirigió, prometiendo conservarlo presente en la memoria para recompensarlo debida y oportunamente como en efecto lo hizo nombrándolo capitán general y gobernador de aquel departamento.

El obispo de Oaxaca nació el 19 de abril de 1543. Cursó sus primeros estudios en el Colegio de San Ildefonso, bajo la dirección del sabio maestro dominico Pravia. Término su carrera literaria en la Universidad de Salamanca, en donde, además, enseño después, con general aceptación en calidad de catedrático sustituto.

Graduado allí de doctor, volvió a su patria, la Nueva España , llevando ya el nombramiento de tesorero de la Catedral de Puebla. De aquí paso a la Iglesia Metropolitana para ocupar primero el puesto de canónigo lectoral y después la dignidad de arcediano.

Fue juez ordinario y calificador del Santo Oficio; obtuvo y sirvió en propiedad de cátedra de Escritura Sagrada en la Real Universidad , entre cuyos retratos de hombres ilustres se puso el de Cervantes; por ausencia del Ilmo. D. Pedro Moya de Contreras, gobernó el arzobispado en los doce años que corrieron de 1596 a 1608; y en fin, fue electo en este año obispo de Oaxaca, no tomando, sin embargo, posesión de su diócesis sino hasta tres años después, en 1611.

Los anteriores obispos de Oaxaca habían sido todos españoles y la mayor parte regulares; D. Juan de Cervantes, que era mexicano y pertenecía al clero secular, no por eso desdijo de la sabiduría y santidad de su predecesores. Su gobierno fue suave y ordenado: fermentaban ya en Oaxaca gérmenes varios de discordia; pero el obispo tuvo tacto para dejar que se desarrollasen solamente los elementos vivificadores de la sociedad religiosa.

La discordia es un elemento disolvente que a toda costa debe sofocarse; ni puede llamarse gobernante quien no sabe conservar entre sus manos el buen precioso de la paz. El clero secular y las Ordenes regulares eran entonces el nervio de la sociedad: el señor Cervantes dejó que a su sombra desplegaran su actividad, sin desacuerdo y sin estrépito. Veremos más adelante que no todos fueron igualmente prácticos en el gobierno.

A los jesuitas había dado en México muestras de adhesión, que continuó en Oaxaca, esmerándose a porfía en honrarlos como lo habían hecho sus predecesores. Se sabe que personalmente era infatigable en el púlpito.

Además, en Oaxaca se manifestó extraordinariamente limosnero, repartiendo gruesos caudales para socorrer las necesidades públicas y privadas: con razón; pues si la misericordia y la liberalidad son en todos virtudes plausibles, ellas solas no bastan a un obispo, que necesita llevar sus limosnas hasta la munificencia, so pena de pasar por despreciable avaro a los ojos de sus súbditos. Entre los cuantiosos desembolsos que hizo, debe contarse en primer lugar el que tuvo por objeto el culto de la Cruz de Huatulco.

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.