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Decía
José Alfredo Jiménez en una de sus
canciones que: “de las lunas, la de
Octubre es más hermosa” y ni duda cabe,
sólo hay que observar el cielo por las
noches de éste mes y de todo el otoño,
cielo profundo, claro y luminoso, y en
medio de él la luna… colgada como una
esfera brillante, sin un séquito de
estrellas que opaque su belleza como en
otros meses del año ¡no!
En octubre, en otoño, ella es la reina.
La fuente de inspiración de los poetas
y de los que no lo somos, porque quién
puede resistirse al influjo de su luz,
de ese fulgor plateado que transforma
todo lo que toca en algo profundamente
mágico: la silueta de dos enamorados en
un parque, en una calle bajo los
árboles que semejan un escaparate de
estrellas cuajadas en sus hojas.
La luna los viste así y el viento los
mece para regalarnos un espectáculo
digno del mejor montaje teatral. Más
allá las suaves curvas de las colinas y
las serpenteantes veredas que se visten
de una brillante luz que embelesa…
Y qué decir de los ríos y arroyos cuyas
aguas semejan plata fundida corriendo
hacía el mar. El mar… esa inmensidad de
agua que se mueve rítmicamente al
influjo del magnetismo lunar ¡sí!
Tiene la luna un no se qué de encanto y
fascinación inspiradora.
Una noche de domingo observaba el cielo
y hallé que semejaba un lienzo azul
plomizo sobre el cual el viento había
esparcido las nubes cómo si un artista
caprichoso hubiese dado brochazos tenues
pero uniformes de pintura blanca.
Unas cuantas estrellas por aquí y por
allá lucían opacadas. Escondidas tras la
fina gasa de nubes. Y sola, la luna
brillaba espléndida, como una diva que
no permite que opaquen su belleza.
El viento soplaba frío pero soportable y
a mi lado mi hija me decía ¿sabes?
Cuando el viento sopla así, lo disfruto,
pienso que es Dios acariciándome la
cara, como si me dijera: estoy aquí
contigo. También cuando hace frío…
Sonreí… Sí. Cada estación tiene su
belleza y su encanto y cada una de ellas
también puede darnos un motivo para
pensar en nuestro Creador.
Si alguna vez uno se siente perdido en
su fe, agobiado por mil problemas,
cansado de preocupaciones y con la
esperanza débil; entonces tal vez baste
tomarse un tiempo para mirar alrededor:
la creación, todo lo que nos rodea y
meditar en la belleza que hay en ella
para retomar fuerzas y volver a empezar. |