Ejemplar Número: 39

Oaxaca de Juárez, Oax.

 Diciembre 2006

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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             Bendito Otoño

El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse: André Maurois

Decía José Alfredo Jiménez  en una de sus canciones que: “de las lunas, la de Octubre es más hermosa” y ni duda cabe, sólo hay que observar el cielo por las noches de éste  mes y de todo el otoño, cielo profundo, claro y luminoso, y en medio de él la luna… colgada como una esfera brillante, sin un séquito de estrellas que opaque su belleza como en otros meses del año ¡no!
En octubre, en otoño, ella es la reina. La fuente de inspiración  de los poetas y de los que no lo somos, porque quién puede resistirse al influjo de su luz, de ese fulgor plateado que transforma  todo lo que toca en algo profundamente mágico: la silueta de dos enamorados en un  parque, en una calle bajo los árboles que semejan un escaparate de estrellas cuajadas en sus hojas.
La luna los viste así y el viento los mece para regalarnos un espectáculo digno del mejor montaje teatral. Más allá las suaves curvas de las colinas y las serpenteantes veredas que se visten de una brillante luz que embelesa…
Y qué decir de los ríos y arroyos cuyas aguas semejan plata fundida corriendo hacía el mar. El mar… esa inmensidad de agua que se mueve rítmicamente al influjo del magnetismo lunar ¡sí!
Tiene la luna un no se qué de encanto y fascinación inspiradora.
Una noche de domingo observaba el cielo y hallé que semejaba un lienzo  azul plomizo sobre el cual el viento había esparcido las nubes cómo si un artista caprichoso hubiese dado brochazos tenues pero uniformes de pintura blanca.
Unas cuantas estrellas por aquí y por allá lucían opacadas. Escondidas tras la fina gasa de nubes. Y sola, la luna brillaba espléndida, como una diva que no permite que opaquen su belleza.
El viento soplaba frío pero soportable y a mi lado mi hija me decía ¿sabes? Cuando el viento sopla así, lo disfruto, pienso que es Dios acariciándome la cara, como si me dijera: estoy aquí contigo. También cuando hace frío…
Sonreí… Sí. Cada estación tiene su belleza y su encanto y cada una de ellas también puede darnos un motivo para pensar en nuestro Creador.
Si alguna vez uno se siente perdido en su fe, agobiado por mil problemas, cansado de preocupaciones y con la esperanza débil; entonces tal vez baste tomarse un tiempo para mirar alrededor: la creación, todo lo que nos rodea y meditar en la belleza  que hay en ella para retomar fuerzas y volver a empezar.

Esta Revista circula en Agencias de Viajes del D.F., Guadalajara, Monterrey y Puebla.