Mi recordado maestro
Rafael E. Ricardez |
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Ahora que éste número de «Oaxaca Profundo», está dedicado a nuestros músicos, quiero comentarles que hace algunos años platiqué con el maestro Rafael E. Ricardez, y en esa ocasión me dijo: «desde muy pequeño me incliné por la música, mi madre doña Carmen Ricardez, me mandó a estudiar con la profesora Matilde Santaella, excelente pianista, que vivía en la segunda calle de Carlos María de Bustamante, con la que aprendí el solfeo de hilarión eslava; después, me inscribió con el señor Gabino García Aranda, que fue padre de don Fausto García Pujol, extraordinario músico y de don Gabino García Pujol, mucho tiempo secretario municipal del ayuntamiento de Oaxaca de Juárez; luego con don Juan Canseco, fundador de la primera orquesta sinfónica que hubo en Oaxaca, gracias al apoyo e interés que puso el Lic. Raymundo Carpy Manzano, entonces director del Instituto de Ciencias y Artes del Estado, el que por cierto, fue uno de los más notables oradores oaxaqueños; hombre culto, charlista excepcional, con el que se podían pasar las horas sin sentir; don Juan Canseco, a quien debo mucho de lo que soy, fue mi impulsor en la realización de tareas que fueron el principio de otras tantas que realicé en los años posteriores».
«don Juan me llevaba a los templos a auxiliarlo por lo que empecé a obtener ciertos ingresos que me sirvieron para continuar mis estudios. Él se dio cuenta que tenía yo capacidad, que me gustaba el trabajo, y me dejó en San Felipe Neri con otros compañeros; esa responsabilidad me obligó a aprender rápidamente, porque todo era cantado: los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos; la salve, el te deum, el tantum ergo. El capellán era don Guillermo Álvarez Varela, hombre muy apreciado entre los oaxaqueños, ejemplo de bondad, de dedicación, de vocación sacerdotal. Estuvo a cargo del hospital de la caridad, del templo de San José, de San Felipe Neri y por treinta años fue rector de la basílica menor de `La Soledad».
«Oaxaca, es tierra de músicos, hay muchos y muy importantes; Xoxocotlán, por ejemplo, siempre tuvo un buen número, inclusive, un sacerdote de apellido Aldiñá, creó una escuela, de la que egresaron jóvenes que sobresalieron en este arte, pero durante la persecución religiosa cerró sus puertas. En San Bartolo Coyotepec, surgió Juan Matías, autor de Stabat Mater. Entre los maestros de música que vienen a mi memoria, están los `hermanos Caballero´, Enrique (violinista) y Gregorio (chelista), Alfonso Hernández (contrabajista), Victoriano Ramírez (chelista), Samuel Mondragón, Enrique toro y Efrén Chávez».
Los directores de orquesta tenían un gran mérito, gente estudiosa, dedicada; no contaban con los elementos con los que ahora se cuenta; no había escuelas; el maestro se hacía porque alguien le enseñaba y ayudaba, pero sobre todo, porque había un gran interés en aprender, por lo que había que estudiar y estudiar, sin fatiga; no había ninguna transcripción del allegro, andantino o el adagio; se utilizaba el metrónomo, para marcar los tiempos».
«La Banda de Música del Estado era la más sobresaliente organización
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