Ejemplar Número: 59

Oaxaca de Juárez, Oax.

Septiembre 2008

Bienvenidos a Oaxaca Profundo

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Fue inaugurado el servicio de Tranvías

Gerardo Castellanos

Por fin, después de una semana de espera causada por la lluvia; en la Garita del Marquesado, fue inaugurada, el domingo 26 de junio de 1887, la primer ruta del servicio de tranvías, tirados por un tronco de mulas, de la Garita al centro de la ciudad de Oaxaca.

La ceremonia de inauguración fue encabezada por el gobernador interino, Lic. Agustín Canseco, a quien acompañaron: Ing. Ignacio Pérez Guzmán, Lic. Jesús Muñozcano, servidores públicos federales, estatales y municipales; civiles invitados y militares.
A las nueve de la mañana, salieron del Palacio de Gobierno para abordar, en la esquina Poniente, los coches adornados con guirnaldas, en los que iniciaron el primer viaje rumbo a la Garita. Las personas que no cupieron, fueron trasladadas en otro viaje.
Sin duda fue un día de fiesta para los habitantes de la ciudad de Oaxaca y para los del pueblo de Santa María Oaxaca. Desde muy temprano, las calles estaban adornadas vistosamente. Las ventanas de muchas casas de Avenida Independencia ostentaban cortinas con pendones tricolores, trofeos hechos con picos y palas cruzadas, utilizadas para el tendido de la vía, adornos de carrizo con hojas verdes, y a lo largo de la vía, colocaron arcos de flores.
En las calles de la ciudad, se veían familias enteras que se dirigían a la fiesta del Marquesado.
Los vecinos del Marquesado, orgullosos y satisfechos por esta mejora tan importante para su futuro, como demostración de agradecimiento, adornaron las calles por donde iba a pasar el tranvía con hermosos arcos de flores y follaje; además de cortinas y gallardetes en muros, ventanas y puertas, colocaron tendidos de mascadas de colores que formaban un conjunto colorido y agradable.
La música, los cohetes, las campanas, la concurrencia, todo indicaba el contento de aquellos vecinos.
La comitiva se detuvo en la Rayita en donde la Gobernador inauguró el arreglo de las cuatro primeras calles de Av. Independencia y la construcción de la cochera para los tranvías.
Al llegar los trenes al jardín, frente a la Casa Municipal del Marquesado, la comitiva fue recibida por el Ayuntamiento del lugar, que se integró al grupo, continuando el convoy su marcha hasta la Garita, en donde se había dispuesto la ceremonia oficial de entrega. Todo estaba adornado de un modo rústico, pero con buen gusto.
La concurrencia, tanto la oficial, como la invitada, y la que constituía esencialmente el pueblo, en todas sus clases y categorías, fue numerosa.
La Policía del Estado montó una Guardia de Honor y al arribar la comitiva fue recibida con aplausos, cohetes y diana, que tocó la Banda de Artillería.
El programa fue el siguiente:
1.- Himno Nacional. Banda de Música de Artillería
2.- Entrega de la obra por el ingeniero constructor Sr. Ignacio Pérez Guzmán
3.- Palabras del gobernador del Estado Lic. Agustín Canseco
4.- Discurso a cargo del Sr. Francisco Jesús Muñozcano
5.- Declaratoria de Inauguración
El pueblo agrupado en torno, acompañado por la banda de música de Artillería, entonó con emoción el Himno Nacional.
Al entregar la obra, el Ing. Ignacio Pérez Guzmán, expresó:
Tengo la satisfacción de haceros formal entrega del primer tramo de ferrocarril que se construye en el Estado… para las más grandes empresas el trabajo principal consiste en dar el primer paso, debemos hoy regocijarnos porque este se halle terminado y no debéis desmayar sino continuar vuestras tareas hasta lograr realizar este importante objeto si no queréis perder estérilmente lo poco que se ha hecho… y nosotros lejos de unirnos para ser fuertes y respetados, nos rechazamos como acérrimos enemigos por una candidatura, por una personalidad y damos oídos a la discordia que grita: «rencor y exterminio,» desoyendo a la fraternidad que murmura dulcemente: «Amor y Trabajo.»
Cábeme la satisfacción de haber construido en esta fértil región la primera vía férrea, pequeña, insignificante, defectuosa tal vez, pero será la semilla que fructificará oportunamente fecundada por vosotros…
… Hoy apenas llegamos del centro de la ciudad a esta Garita, es decir, al principio del camino, pero hemos dado el primer paso, y no lo dudéis, por este camino debemos pronto poder ir sobre las arterias de acero para todas partes del mundo…
…¡Obreros de Oaxaca! Que no se mortifique vuestro amor propio porque os llame así; desde el Gobernador que me escucha y que tan eficazmente ha ayudado a esta Empresa, los capitalistas que han ministrado los fondos, hasta el último peón que ha colocado el clavo sobre el durmiente, todos somos obreros en la grande empresa del progreso, de hacer lucir la verdad a través de las preocupaciones, el título es pobre pero honroso.
La mano encallecida por la herramienta es tan respetable como la frente arrugada por el estudio; pero ni el sabio ni el obrero cumplen su misión si emplean mal el producto de su trabajo; la familia, la patria y la humanidad, necesitan recoger la herencia a la que tienen derecho; y vuestros hijos, vuestros compatriotas, vuestros semejantes, guardaran con respeto vuestra memoria, siempre que vuestra experiencia les haya servido para facilitarles el paso por el camino de la vida; pero no olvidéis que esa experiencia solamente se adquiere poniendo en práctica estas virtudes: ¡Trabajo y Constancia!
Al ocupar la tribuna el Gobernador dijo:
Señores: Si en los siglos pasados el clarín guerrero era la señal de que un pueblo se armaba para ensanchar sus límites o defender sus posesiones; si el cristiano luchaba con la cruz y la espada y el árabe con el Corán y el alfanje para defender sus creencias y dominar a sus enemigos, y si entonces la guerra y el incendio, la fuerza y la matanza eran solo la razón de los pueblos y los medios de su engrandecimiento; en el presente siglo la humanidad se reconoce hermana y considera el trabajo como el medio único de todo progreso y bienestar social… el ameritado Sr. General Luís Mier y Terán, nuestro actual Gobernador constitucional, obtuvo la magnífica concesión que todos conocen, y se trabaja sin descanso para que esa obra llegue a un pronto y feliz término.
Antes de esta última concesión, en 1881, un grupo de ameritados oaxaqueños impulsado por el filántropo y modesto propietario Sr. Francisco Uriarte formó una compañía con el título de anónima «La Oaxaqueña» para establecer el Tren Urbano en esta ciudad, formó también sus estatutos y obtuvo del Sr. General Porfirio Díaz, entonces digno gobernador del Estado, su sanción y amplias concesiones a favor de la Empresa, y reunidos considerables fondos, acordó solicitar la eficaz cooperación y representación de nuestro activo y probo gobernador constitucional Luís Mier y Terán.
Este hábil mandatario, comprendiendo las ventajas que vendrían al Estado llevando a cabo tal empresa, aceptó la comisión y con la actividad y acierto que le son característicos, pidió al extranjero los materiales necesarios, suplió de las arcas del Estado las cantidades que faltaron, empleó los demás elementos que estuvieron en sus manos y bajo la dirección del entendido ingeniero Ignacio Pérez Guzmán, en pocos meses dejó casi concluida la obra que hoy inauguramos.
Enorgullecido por haber tenido la feliz oportunidad de cooperar a la terminación de tan halagador ensayo, me cabe la satisfacción de entregar la obra a la Junta Directiva de los accionistas, para que desde este momento ponga en explotación la vía si merece los honores de su aprobación.
Por ahora no se pueden comprender las inmensas ventajas que esta mejora debe proporcionarnos: esperemos resignados; y cuando ella se ligue con las grandes vías que del centro y extremos de la República atravesarán muy en breve nuestro suelo, entonces recogeremos abundantes frutos de la pequeña semilla que se ha sembrado hoy, y bendeciremos los nombres de los esforzados fundadores de esta empresa.
El último en hacer uso de la palabra fue el Sr. Muñozcano quien manifestó:
Sr. Gobernador; señores: La sociedad oaxaqueña está de plácemes. Comienza a recoger los frutos del trabajo cosechados bajo la égida de la Paz, y sazonados por los ardientes rayos del sol de la Libertad.
La inauguración del Ferrocarril Urbano es, a la verdad, la más clara expresión de lo que vale el esfuerzo de los ciudadanos, cuando unidos se prometen algo útil en bien de sus compatriotas, y cuando éstos cuentan con el apoyo de gobernantes probos e ilustrados en la prosecución de sus laudables fines… para la llegada de esa próspera era, esforcémonos; no demos paz al pensamiento ni a la mano; lleguemos a la obra, a la labor, al trabajo; procuremos nuestra redención social por él, que ablanda las piedras, embota las espinas, y levanta y ennoblece nuestro espíritu, ya que tenemos la dicha de contar con mandatarios ilustres, que como los señores Terán y Canseco saben dar garantías a sus gobernados, como impulso a todas las nobles aspiraciones; no desmayemos jamás. Formemos estrecho círculo a tan altos mandatarios, levantando con sus esfuerzos las columnas de nuestra regeneración.
Sí, valientes oaxaqueños, vosotros formáis una grande agrupación de la República, que es tan grande en la guerra para sostener incólumes nuestros principios liberales, como sois grandes en la paz para levantar el templo del trabajo…
¡Pueblo oaxaqueño! ¡Viva el progreso!
Acto seguido el gobernador, Lic. Agustín Canseco, declaró formalmente inaugurado el servicio de tranvías.
La música, los cohetes y los hurras del pueblo saludaron el feliz acontecimiento. Oaxaca contaba, a partir de este momento, con la primer línea de ferrocarril urbano. Después de esto, la comitiva abordó nuevamente los trenes para retornar a la estación terminal del centro, repitiéndose, a su paso, las mismas expresiones de alegría, satisfacción y entusiasmo.
El pueblo de Santa María celebró el acontecimiento con exhibición de juegos acrobáticos y carreras de caballos y en la tarde y noche con un baile popular organizado en una de las casas del lugar, y lidia de gallos en otra, animando todo, los vendedores ambulantes de golosinas y refrescos y cuanto en las fiestas de nuestro pueblo abunda y hace el placer de los transeúntes.
Durante el día, el servicio de los coches fue incesante, llamando la atención que las señoras de nuestra sociedad, de ordinario tan retiradas del bullicio, se adornaran para desafiar con sus delicados trajes y adornos las inclemencias de un día frío, nebuloso y por demás húmedo.
La primer línea del ferrocarril urbano contó con dos estaciones terminales, una en la Garita del Marquesado y la otra a un costado del Palacio de Gobierno, entrando por la Avenida Independencia, hasta la Alameda de León, en donde giraba hacía el sur para pasar frente a Catedral y frente al Portal de Flores y terminar en la calle de Flores Magón.
Este medio de transporte garantizaba un viaje cómodo y seguro, por lo cual, ganó popularidad de inmediato entre los polos de la actividad ciudadana, comercial y de recreo de la capital, ya que trasladaba personas y carga.

Prestaba el servicio en coches para pasajeros y en plataformas para la carga; salían cada media hora, comenzando a la seis de la mañana y terminando a las ocho de la noche; el servicio se interrumpía de ocho a nueve de la mañana y de una y media a tres de la tarde; el precio del pasaje era de medio real por persona, por todo el trayecto o fracción de él; en las plataformas el precio era de cuartilla de real por pasajero.
Los vehículos construidos en Filadelfia, se trajeron desarmados en cajas; al principio los rieles eran de madera, las uniones estaban sujetadas con abrazaderas de fierro. Años después se instalaron los rieles de acero traídos de Inglaterra.
Los coches eran abiertos en los costados en donde tenía estribos a todo lo largo; con bancas de madera colocadas como las lunetas de los teatros y una cortina en cada entrada para proteger a los pasajeros del frío y de la lluvia cuando era necesario; tenían capacidad para veinte pasajeros sentados y varios de pie en los estribos; al llegar a las terminales se volteaba el respaldo de las bancas, se pasaban las mulas al otro extremo del carro y arrancaban de nuevo. Se anunciaba tocando una campanilla cuyo sonido era inconfundible. Eran conducidos por un cochero y un ayudante que cobraba los boletos al abordar.
La cochera en donde se guardaban los tranvías y los troncos de mulas, estaba en lo que es hoy, Calzada Madero No. 234 —entonces se llamaba Avenida Morelos—, entre las calles de Mariano Escobedo y Miguel Negrete, y que unos años más tarde fue usada como bodega del Express.
El sábado 12 de noviembre de 1892, se arregló un carro especial para trasportar al General Porfirio Díaz y a su comitiva, de la estación de ferrocarril, al palacio de Gobierno. Cuando el General Díaz subía al carro, se dio cuenta de que un numeroso grupo de gente de la clase humilde pretendía desenganchar las mulas para arrastrarlo; pero, rápidamente, con cariñosa energía, se opuso a que tal cosa hicieran y después prosiguió su marcha rumbo a palacio.
Días después el representante legal de La Oaxaqueña, S.A., recibió una carta de felicitación del presidente Porfirio Díaz por el excelente servicio que prestaban los tranvías al pueblo de Oaxaca.
La red del ferrocarril urbano había ampliado sus rutas y en 1907 aparece en el Plano Topográfico de la Ciudad, elaborado y publicado, por el Departamento Forestal.
En 1920, el primer vehículo de motor que transitó en el Marquesado y segundo en circular en la ciudad de Oaxaca, fue un camión para pasajeros marca Wichita, de color rojo, que trajo el Sr. Francisco García, panadero, que vivía en la calle de División Oriente; fue bautizado por el pueblo con el nombre de Cinco Centavos, que era lo que cobraban por subirse a él y darse un circuito, es decir, una vuelta completa a su itinerario.
Los saltos que daba sobre el empedrado hacía recordar aquello de: Agítese bien antes de usarse; era un chasis Ford al que se le montó una carrocería de autobús de tres ejes. En este tiempo, un automóvil Ford modelo T, o de otras marcas, era un artículo de lujo que sólo estaba al alcance de los ricos.
La llegada de vehículos de motor fue el comienzo del fin del tren urbano. Los tranvías prestaron servicio 37 años, de 1887 a 1924.
En los años siguientes empieza a aumentar el número de vehículos automotores, a pavimentar las calles de Oaxaca, a levantar las piedras que adoquinaban las calles y los rieles del ferrocarril urbano y hacen su aparición las primeras bicicletas. En aquellos tiempos vestía mucho tener una bicicleta, su posesión era un anzuelo para las conquistas de amor, un pasaporte que eliminaba los obstáculos para llegar más rápido a los corazones más indiferentes como hoy es el auto, para todas las complicidades rectas o celestinas.

 

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. Por las calles de la Habana... . El gran Morelos

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