| N. de R.: En los últimos meses nos hemos dado a la tarea de recopilar el material que Luis Santiago, fundador de la revista, escribió y publicó a lo largo de toda su trayectoria. En cada uno de sus escritos expresa su cariño por Oaxaca, y describe las maravillas que observaba en sus diferentes viajes, nos describe lugares y situaciones que nos transportan a vivir una experiencia rica y espectacular, ese era el don de Luis Santiago, escribir y contar historias que tocan el corazón y alimentan la imaginación. |
...Cuba, desde luego, es una ciudad rica en cultura y exhaltada por su gente. El cubano es amable, sincero y alegre. ¡Hey Mexicano!, ¡Mexicano hermano!, gritan por las calles...
Y así, de repente, la vida me puso en La Habana Cuba. El país del mito, de El Morro, la palma real, el malecón donde todas las tardes llegan las sonrisas envueltas en cuerpos ondulados y de andar rítmico y la suave playa de Varadero, un balneario a poco más de 100 kilómetros de La Habana, donde a 50 metros de la arena el agua esmeralda apenas te llega a la cintura. La Habana es una ciudad especial y única, de incontables encantos y donde no sé que les ha dado Dios, que hombres y mujeres tienen un encanto y una belleza excepcional que luce más con el bamboleo del son que recorre toda la ciudad. Un país donde unos se ufanan de que el pueblo tiene todo, menos lo más importante: libertad. Y que la Revolución proletaria ha sido todo, menos eso: bienestar. Un país donde las ideas socialistas están muy desarrolladas, pero la gente vive en edificios neoclásicos que fueron «expropiados» a los ricos y que ahora están en la ruina. De los segundos pisos asoman calzones en tendederos y gente pobre hacinada. Y el gobierno no sabe cómo rescatar los edificios. Ha tenido muchos éxitos esta isla, la educación gratuita hasta la profesional, por ejemplo; o la medicina, un médico hay para cada manzana y hay atención personalizada; y médicos y profesores no cantan la revolución, sino que cobran muy poco y trabajan mucho sirviendo a la población. No canjean dinero por discurso. Allí no se andan con cuentos y cualquier desorden, cualquier fanfarronería, es aplacada de inmediato con un chorro de agua fría y todo lo que usted quiera entender por eso.
Cuba, desde luego, es una ciudad rica en cultura y exhaltada por su gente. El cubano es amable, sincero y alegre. ¡Hey Mexicano!, ¡Mexicano hermano!, gritan por las calles y le ofrecen puros de contrabando, viajes privados a sitios turísticos, propinas o le vende cualquier cosa, puros, abanicos, incluso algunas monedas de su devaluada moneda. La mejor manera de descubrir los secretos de una tradición de siglos en la tierra es probar el mejor tabaco del mundo.
Los mexicanos somos famosos por el tequila y las mujeres. Muchos, hombres o mujeres, vienen al reventón. Havana ron, son y emoción. No dan crédito cuando algunos solicitan otras cosas, como conocer el Capitolio, en bello edificio más alto que el Capitolio norteamericano, donde alguna vez ejercieron diputados y senadores, antes que Fidel hiciera sus comités del pueblo que acabaron con el otro sistema. O el Teatro Nacional. O simplemente estar en la esquina que forman Prado y Neptuno, donde dice la canción que iba una chiquita, era tan bonita, en resumen colosal… En esa esquina concluye una avenida hermosa: el Paseo del Prado. El descuido a la conservación de edificios permite que el visitante se sienta en otro tiempo, en otra época. Un camellón al centro, flanqueado por árboles, permite al paseante respirar el aroma cubano y caminar, caminar, porque el transporte público es lamentable. De repente por las avenidas principales pasa el «acordeón», atestado de gente. O «el camello», que es como un tractocamión que jala unos vagones ensamblados. A los lados del Paseo del Prado circulan automóviles de los años cincuentas, verdaderas joyas antiguas, que no han sido renovadas por el infame bloqueo norteamericano. Al lado hay edificios hermosos que después de la «expropiación» popular, se fueron a pique. ¿Porqué estoy en Cuba?... porque el escritor oaxaqueño Jorge Bueno fue invitado por la Casa del Benemérito en La Habana, a presentar su libro «El Inmortal Juárez». Una obra hecha por su exhaustiva investigación que reunió a muchas personas, incluso de la Embajada de México en La Habana.
El Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, tuvo palabras elogiosas a este documento y, de paso, apreció la belleza del Centro Histórico de Oaxaca. En Cuba, hoy que está Castro, una persona común y corriente puede ver, de frente, una realidad no vista en otra parte del mundo. Todo aquí es del Estado. No puede usted ir a comprar, como cubano, a una tienda de Chonita, Juanita, todo es del Estado. Todos son empleados del Estado y deben trabajar para poder cobrar. La Bodeguita del Medio, donde es famoso el mojito; o La Floridita, uno de los mejores 7 bares del mundo, es famoso por el daikiri. Toca un grupo de soneros, y son empleados del gobierno, al igual que taxistas, guias de turismo, vendedores de discos, de habanos, hoteles, agencias de viajes, restaurantes, todo. Aquí no llegan noticias de otras partes. La radio, todo es Fidel. Los periódicos, todo es Fidel. No hay anuncios comerciales, todo es Fidel. Todo es la Revolución. Cuba, ciertamente, es un mito. Un ideal para quienes suponen que el socialismo todavía funciona. Un pretexto para los que están contra el capitalismo, igual de nocivo. Un paraíso para quienes buscan el reventón sin límite. Sin embargo, visto con otros ojos, Cuba es toda una experiencia que, si puede, no deje de conocerla. Luego le platico de los casinos, los cabarets y otras cosas.
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