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En
el globo terráqueo hay pocas ciudades que a pesar del tiempo, siguen
conservando su aire romántico, su grandeza, su dignidad y su
esplendor, como Oaxaca.
Aquí
la historia nació desde mucho antes que llegaran los primeros españoles
en el año 1529, en que se expidió la Cédula Real de Carlos V de
España, declarándola ciudad.
Allí
están Mitla, la Ciudad de los Muertos; Monte Albán, el gran palacio
en la cima de la montaña desde donde los astrónomos estudiaban el
complejo celeste y enterraban a sus muertos con todas sus joyas en
tumbas que cavaban en las laderas, donde quedaban acompañados con sus
tonas y con utensilios caseros que ocupaban en vida; allí está Yagul
y sus patios; Zaachila y sus reyes.
Los
españoles llegaron en el siglo XVI y además de dividir su entorno
entre herejes y cristianos, sepultaron el pasado visible y
construyeron templos católicos impresionantes en comunidades pobres y
así dieron vida a lo que hoy conocemos como el Corredor Dominico de
la Mixteca.
La
expedición venía de Tlaxiaco sembrando templos fastuosos en
Teposcolula, Yanhuitlán, Etla, Huitzo, Coixtlahuaca, muchos más a
los que ahora se les abren posibilidades de explotación turística.
Desde
entonces, el pueblo oaxaqueño aprendió a cuidar lo suyo en la
intimidad y a no pelearse con la vida. Las costumbres y las
tradiciones, como bendecir la tierra antes de sembrar, sacrificar aves
domésticas en tributo a una petición, curar a los hombres y mujeres
recorriendo sus cuerpos con blanquillos para quitar los espantos y
darles “limpias”, siguen siendo alternativas reales para los indígenas.
La
valentía popular fue puesta al servicio de las luchas justas, la
Independencia en 1810, la Revolución de cien años
después.
Han
convivido los pueblos con la naturaleza que es generosa en una entidad
que reune a siete grandes regiones que brindan hospedaje a etnias indígenas
que han sobrevivido, cultural y místicamente, a todos los años de
todos los tiempos. Por ello es que Oaxaca es único en la República
Mexicana pues aquí sobreviven los dialectos, la música acaricia
muchos corazones en regiones solitarias.
Solo
aquí en Oaxaca las etnias se reunen cada año para darse un gran
abrazo fraternal en la fiesta de La Guelaguetza, en junio. Bienvenido
a Oaxaca. Aquí es su casa.
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